El protocolo oficial es el único camino legal para el rescate y sanción en casos de crueldad hacia mascotas
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En Tuxtla Gutiérrez, la indignación por el maltrato animal suele encontrar su primer eco en las pantallas de los teléfonos móviles. Videos de canes encadenados bajo el sol o denuncias de agresiones físicas saturan los grupos de Facebook y WhatsApp. Sin embargo, para la Dirección de Protección contra el Riesgo Sanitario, este fenómeno presenta un arma de doble filo: mientras el caso se vuelve viral, el tiempo de respuesta institucional se agota y los agresores suelen desaparecer.
José María, médico veterinario de la mencionada dirección, hace un llamado urgente a la ciudadanía para entender que la Unidad de Protección Animal requiere de un reporte administrativo para actuar legalmente. La viralización es útil para la conciencia social, pero la denuncia formal es la que activa las facultades de inspección y rescate.
“En la Dirección de Protección contra el Riesgo Sanitario tenemos una unidad de protección animal… Es importante hacer la denuncia en el área o a los teléfonos 961-612-5511 extensión 2226… Las denuncias en redes sociales también son importantes, pero a veces tardan un lapso en viralizarse. Entre ese lapso y la denuncia, a veces cuando llegamos ya al lugar de denunciado, ya no están las mascotas”, explicó el especialista.
Por lo que exhortan al ciudadano a denunciar de manera presencial o telefónica como primer paso, y posteriormente utilizar las redes sociales como complemento informativo, garantizando así que la autoridad llegue al sitio mientras el animal aún se encuentra en riesgo.
Diariamente se reciben entre cinco y 20 reportes que abarcan un espectro amplio de problemáticas, desde falta de higiene en domicilios con mascotas hasta ataques directos. No obstante, existe un sistema de triaje para casos críticos.
Aunque las denuncias de maltrato extremo representan entre el cuatro y el ocho por ciento del volumen total, estas son las que activan los protocolos de emergencia. En estos escenarios, donde la integridad física del ejemplar pende de un hilo, la precisión del reporte es fundamental para un rescate exitoso.
Una vez que el animal es retirado del entorno nocivo, es trasladado al Parque Tuchtlán, espacio que funciona como centro de valoración y recuperación. Allí, cada ejemplar recibe atención médica profesional para sanar las secuelas del abandono o la violencia.
Para ello, se cuenta con un esquema de sanidad que incluye vacunación, desparasitación y esterilización obligatoria antes de ser puestos en adopción.
“Todos los perritos que se rescatan van a valoración médica veterinaria al Parque Tuchtlán… donde posteriormente se vacunan, se desparasitan y se esterilizan y próximamente se dan en adopción. En algunos de estos casos también las mismas asociaciones protectoras de animales o rescatistas e independientes también nos apoyan… y también a la vez su adopción, en algunos casos se van con ellas”.
Este trabajo conjunto entre Gobierno municipal y la sociedad civil organizada (rescatistas independientes y asociaciones) permite que el sistema no se colapse y que los animales rescatados tengan una transición más humana hacia su nueva vida.











































