Mujeres y niños son los más afectados por la contaminación en sus hogares
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En Chiapas, casi la mitad de los hogares mantiene encendida una tradición que hoy representa un riesgo, cocinar con leña o carbón. Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el 42.5 por ciento de las viviendas del estado recurren a estos combustibles, práctica que no solo está vinculada a la pobreza energética, sino también a factores culturales y culinarios que refuerzan su permanencia. Sin embargo, detrás de los fogones aún arde un problema de salud pública que rara vez ocupa un lugar central en las políticas estatales.
Las cifras revelaron la magnitud de la brecha, el Censo de Población y Vivienda 2020 indicó que en la entidad el 44 por ciento de los hogares carece de acceso continuo a gas LP o electricidad necesaria para cocinar, mientras que en promedio nacional la proporción es de apenas 12 por ciento. Este déficit energético se combina con la precariedad económica: el 67.4 por ciento de la población chiapaneca vive en situación de pobreza, de acuerdo con el Coneval, lo que limita las posibilidades de migrar hacia alternativas menos dañinas.
El impacto en la salud es devastador. El Instituto Nacional de Salud Pública estimó que la exposición prolongada al humo doméstico equivale a fumar entre 20 y 40 cigarrillos diarios. En consecuencia, la comarca concentra una de las tasas más altas de mortalidad infantil por neumonía, con 19.3 defunciones por cada 100 mil menores de cinco años, según datos de la Secretaría de Salud federal. La inhalación cotidiana de partículas finas afecta a mujeres y niños, los grupos más expuestos al humo en los hogares.
La paradoja es que no siempre se trata de falta de recursos. Estudios de la Universidad Autónoma de México (UNAM) han documentado que familias de estratos medios utilizan la leña como complemento del gas, defendiendo que ciertos alimentos “saben mejor” al prepararse en fogón abierto. Así, tradición y pobreza se entrelazan en un mismo espacio: mientras unos lo hacen por necesidad, otros lo sostienen como identidad cultural.
La persistencia del uso de leña en el estado exige una respuesta más amplia. La Encuesta Nacional sobre Consumo de Energéticos en Viviendas (Encevi 2020) señaló que el 34 por ciento de los hogares rurales en la región nunca ha tenido acceso a programas de sustitución energética. Este vacío de política pública agrava un fenómeno que, más allá de las estadísticas, se refleja en pulmones dañados y generaciones expuestas a un riesgo prevenible.











































