Aunque la comarca posee una de las mayores reservas forestales del país, avanza entre carencias, burocracia y abandono
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La industria maderera en Chiapas se ha convertido en un potencial desperdiciado. Aunque México cuenta con alrededor de 138 millones de hectáreas de superficie forestal, según datos oficiales del Inventario Nacional Forestal, el aprovechamiento productivo real es mínimo. En estados como la comarca, donde la vocación forestal debería ser motor económico, la actividad opera en condiciones que reflejan abandono institucional y una estructura productiva fracturada.
Durante un encuentro con productores del Soconusco, la presidenta estatal de la Cámara del sector, Norma Yaneth Racancoj, insistió en que el principal desafío no es la falta de recursos naturales, sino la ausencia de una organización capaz de enlazar a toda la cadena productiva. El hecho de que la Cámara pasara de cinco a 30 integrantes en poco tiempo reveló una demanda de articulación regional que no ha sido atendida por las políticas públicas.
El retroceso no es casual. México importa más del 60 por ciento de la madera que consume, una cifra que ya desde 2020 era reconocida por organismos federales, y que expone la incapacidad del país para procesar su propio recurso. A esto se suma que la producción forestal maderable nacional se ha mantenido por debajo de los 10 millones de metros cúbicos anuales, pese a que el potencial productivo estimado supera el doble. La falta de maquinaria, de financiamiento accesible y de centros de transformación convierte a el estado en un territorio forestal subutilizado.
La preferencia creciente por muebles baratos fabricados con tableros industriales ha desplazado la demanda de madera sólida, lo que afecta a productores locales que no pueden competir con cadenas globales de bajo costo. Esto tiene implicaciones ambientales, México registró más de 800 mil toneladas anuales de residuos de tableros y aglomerados, materiales de vida corta y difícil reciclaje.
A todo ello se suma la burocracia, permisos centralizados, ventanillas insuficientes y una vigilancia ambiental debilitada por recortes presupuestales. El resultado es un sector que, lejos de impulsar desarrollo, funciona a contracorriente. La entidad posee bosques capaces de sostener empleo, innovación y manejo sustentable, pero sin reformas profundas la industria seguirá siendo una pieza estratégica ignorada.











































