Dr. Gilberto de los Santos Cruz
Cada 30 de abril, México se detiene aunque sea por un momento para mirar hacia lo más valioso que tiene: sus niñas y niños. No se trata únicamente de una fecha para celebrar con juegos, dulces o festivales escolares; es, sobre todo, una oportunidad para reflexionar sobre el país que somos y el que queremos construir. Porque hablar de la niñez es hablar del presente con rostro de futuro.
En Chiapas, donde la riqueza cultural y la diversidad de nuestros pueblos se entrelazan con profundas realidades sociales, la infancia adquiere un significado aún más profundo. Nuestros niños y niñas no solo representan esperanza: son también resiliencia, identidad y la posibilidad de transformar su entorno. En cada comunidad, en cada aula, en cada hogar, hay historias que nos recuerdan que la infancia no debería ser un privilegio, sino un derecho pleno.
La niñez es la etapa donde se siembran los valores, donde se descubren los sueños y donde se forman las bases de una sociedad más justa. Sin embargo, también es una etapa vulnerable. Muchos niños en México, y particularmente en estados como Chiapas, enfrentan desafíos que van desde la pobreza hasta el acceso limitado a educación de calidad, salud y alimentación adecuada. Estas condiciones no deben normalizarse; al contrario, deben impulsarnos a actuar con mayor compromiso.
Hablar del Día del Niño es reconocer que la protección de la infancia no puede limitarse a discursos o a celebraciones simbólicas. Implica garantizar entornos seguros, oportunidades equitativas y una educación que no solo enseñe a leer y escribir, sino que también forme ciudadanos conscientes, críticos y solidarios. La educación es, sin duda, una de las herramientas más poderosas para romper ciclos de desigualdad y abrir caminos hacia un mejor futuro.
Pero más allá de las políticas públicas y los programas institucionales, hay un elemento esencial que no puede pasarse por alto: el amor y la atención que cada niño recibe en su entorno más cercano. Una palabra de aliento, una escucha atenta, un abrazo a tiempo puede marcar la diferencia en la vida de un niño. Porque los niños no solo necesitan derechos garantizados; necesitan sentirse vistos, valorados y acompañados.
En Chiapas, la infancia también nos enseña. Nos recuerda la importancia de la comunidad, de la solidaridad y del respeto por nuestras raíces. En los juegos tradicionales, en las lenguas originarias que muchos niños aún conservan, en la manera en que miran el mundo con curiosidad y asombro, encontramos lecciones que como sociedad no deberíamos olvidar. Cuidar de nuestros niños es también cuidar de nuestra identidad.
Este 30 de abril debe ser, entonces, un llamado a la corresponsabilidad. A las familias, para fortalecer los lazos afectivos y brindar un entorno de amor y protección. A las instituciones educativas, para seguir siendo espacios de formación integral y de esperanza. A las autoridades, para redoblar esfuerzos en la creación de políticas públicas que verdaderamente lleguen a quienes más lo necesitan. Y a la sociedad en su conjunto, para no ser indiferente ante las realidades que viven muchos de nuestros niños.
No podemos permitir que la infancia se vea limitada por las circunstancias. Cada niño tiene derecho a soñar, a jugar, a aprender y a crecer en condiciones dignas. Cada niña tiene derecho a descubrir su voz, a desarrollar su talento y a construir su propio camino sin barreras. Cuando un niño avanza, avanzamos todos. Cuando un niño se queda atrás, es una señal de que algo como sociedad no estamos haciendo bien.
Hoy más que nunca, necesitamos mirar a nuestros niños no como beneficiarios de ayuda, sino como protagonistas del cambio. Invertir en su bienestar es invertir en la paz, en el desarrollo y en la justicia social. No hay mejor legado que el que se construye desde la infancia.
Que este Día del Niño no se quede en una celebración pasajera. Que sea un recordatorio permanente de la responsabilidad que tenemos con las nuevas generaciones. Que cada sonrisa infantil sea también un compromiso renovado de trabajar por un México y un Chiapas donde todos los niños puedan vivir plenamente su infancia.
Porque al final, el verdadero desarrollo de una sociedad no se mide únicamente en cifras económicas, sino en la forma en que trata a sus niños. Y en ellos, en su mirada limpia y en su capacidad infinita de creer, está la posibilidad de un mañana mejor.
A todos esos pequeños grandes héroes que con sus sueños nos inspiran día a día, ¡feliz Día del Niño!



















































