La deserción partidista reveló fragilidad democrática en regiones marcadas por control comunitario y desconfianza
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La ausencia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la elección extraordinaria por la Presidencia municipal de Pantelhó confirmó un giro estratégico que prioriza la seguridad sobre la competencia. En un territorio donde las urnas han sido sustituidas por incertidumbre y desconfianza, el tricolor optó por no exponer a su militancia a un escenario que ha derivado en confrontaciones.
Pantelhó no es un caso aislado, sino el reflejo de un fenómeno en expansión. Según el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC) de Chiapas, al menos 35 municipios presentaron riesgos altos o muy altos de conflictividad electoral en el proceso 2024. En ese mapa, Pantelhó figura como uno de los focos rojos más persistentes. La renuncia del PRI a contender podría verse como una medida de responsabilidad, pero también como síntoma de su menguante capacidad de influencia en regiones donde el poder se disputa fuera del marco institucional.
El vacío que deja el PRI será ocupado por tres fuerzas políticas, Movimiento Ciudadano (MC), Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y Redes Sociales Progresistas (RSP). Sin embargo, la participación formal no garantiza legitimidad, mucho menos paz. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha documentado que, en la entidad, el 64 por ciento de los municipios con mayoría indígena enfrentan formas de gobernanza paralela, muchas veces ejercidas por actores comunitarios o armados.
En 2021, Pantelhó vivió uno de los episodios más representativos del deterioro político en Los Altos, la toma del municipio por un grupo civil armado, ante la presunta colusión entre autoridades y el crimen organizado. Desde entonces, la desconfianza hacia las estructuras formales ha ido en aumento. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), el 72 por ciento de la población estatal desconfía de sus gobiernos municipales, una cifra que encuentra eco en comunidades como Pantelhó.
Más que una renuncia, la decisión del PRI puede interpretarse como un reconocimiento de los límites actuales del sistema electoral en regiones convulsionadas. Aun cuando el discurso oficial hable de “apuestas por la paz”, lo cierto es que el retiro del partido refleja una realidad más cruda, la democracia en algunas zonas del estado se encuentra suspendida, no por falta de candidatos, sino por ausencia de garantías.











































