El repunte de enfermedades venéreas evidenció brechas en el acceso a la salud y la necesidad de fortalecer la educación sexual
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En Tapachula, los indicadores de salud pública comenzaron a reflejar una alerta, el repunte de enfermedades de transmisión sexual, en especial la sífilis, cuyo aumento se estimó en un 30 por ciento durante los últimos meses. La ciudad, marcada por una dinámica migratoria constante, enfrenta un panorama donde el comercio sexual y la precariedad económica se entrelazan con los desafíos de la salud preventiva.
De acuerdo con la organización Brigada Callejera Apoyo a la Mujer, la detección temprana ha permitido ofrecer tratamientos oportunos a las trabajadoras sexuales, la mayoría de ellas en condiciones de alta vulnerabilidad. Sin embargo, la reincidencia y la falta de continuidad en la atención médica siguen siendo obstáculos críticos. Según la Secretaría de Salud federal, Chiapas ocupa el quinto lugar nacional en incidencia de sífilis adquirida, con una tasa de 12.8 casos por cada 100 mil habitantes, cifra que ha ido en aumento desde 2021.
La falta de educación sexual y el limitado acceso a servicios médicos agravan el problema. En Tapachula, solo el 46 por ciento de las personas en situación de vulnerabilidad acuden de forma regular a revisiones médicas, según el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica. A esto se suma el estigma social, que limita el uso de preservativos y retrasa los diagnósticos. Para las mujeres que ejercen el comercio sexual, muchas de ellas migrantes, los riesgos se multiplican ante la falta de redes de apoyo y de políticas públicas específicas.
Organizaciones civiles han comenzado a articular esfuerzos con autoridades locales para reforzar las campañas de prevención, garantizar el acceso a pruebas rápidas y ofrecer atención médica confidencial. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en la comarcamenos del 40 por ciento de los municipios cuenta con centros de salud equipados para atención sexual y reproductiva, lo que deja amplios sectores de la población fuera de cobertura.
El repunte de la sífilis no solo evidenció un problema sanitario, sino también social y estructural. En una ciudad que combina movilidad humana, pobreza y marginación, la salud sexual se convierte en una deuda colectiva. La respuesta institucional deberá ir más allá de los tratamientos médicos, implica dignificar, proteger y garantizar los derechos de quienes hoy enfrentan la enfermedad sin recursos ni respaldo, en un entorno donde la prevención sigue siendo el eslabón más débil.
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Chiapas ocupa el quinto lugar nacional en incidencia de esta infección, con una tasa de 12.8 incidencias por cada 100 mil habitantes











































