Megaproyectos abren oportunidades, pero la desigualdad y bajos salarios siguen marcando la agenda social y económica
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
El empleo en Chiapas sigue siendo uno de los grandes retos en la agenda social y económica del sureste mexicano. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más del 70 por ciento de la población ocupada trabaja en la informalidad, lo que significa que carece de acceso a seguridad social, prestaciones y estabilidad laboral. Al mismo tiempo, la tasa de desocupación se mantiene en un 2.5 por ciento, ligeramente por debajo del promedio nacional, lo que refleja un fenómeno complejo: no falta trabajo, pero sí condiciones dignas para quienes lo realizan.
El promedio salarial diario en el estado es de 278 pesos, una cifra inferior a la media nacional y que limita el acceso de miles de familias a una vida con bienestar. Para el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), esta situación se traduce en que más del 67por ciento de la población chiapaneca vive en pobreza, lo que demuestra que contar con un empleo no siempre garantiza la salida de la precariedad.
En este contexto, el subsecretario del Servicio de Empleo Nacional, Marco Cancino, destacó la llegada de inversiones y ferias de empleo como motores para dinamizar la economía.
“Más de 25 empresas que se establecieron en esta Feria de Empleo, pero también agradecerles a los empresarios por ese valor de invertir en nuestro Estado, porque Chiapas es un Chiapas próspero”.
El funcionario ejemplificó cómo los proyectos de infraestructura han generado oportunidades, particularmente en el norte del estado.
“Hay detonantes muy fuertes, estuvimos en Palenque, y hay dos polos de desarrollo importantísimos: el Tren Maya y la supercarretera Palenque-Ocosingo. Eso está detonando la economía, dado que un albañil en la capital gana 450 pesos en promedio, mientras que en Palenque está ganando entre 800 y 900 pesos. Esas inversiones detonan la economía no solo para los albañiles, también para bolqueteros, fondas y mercados. Cerca de 10 mil personas trabajan en ese gran proyecto”.
El ejemplo refleja un fenómeno que ya comienza a sentirse: los grandes proyectos no solo impactan al sector de la construcción, sino a toda la cadena de servicios que los rodea, desde el transporte hasta el comercio local.
Otra región que se erige como motor económico es el Soconusco, donde la producción agrícola de plátano, rambután, café y cacao ha generado miles de empleos vinculados al campo y a los procesos de exportación.
“El polo de desarrollo importante es el Soconusco, es Tapachula, porque ahí se produce plátano, rambután, café, cacao, ganadería. ¿Y qué hace eso? Detona la economía en Chiapas. Y en las zonas altas, tenemos la joya de la corona, que es San Cristóbal de las Casas, una de las ciudades más visitadas en nuestro estado”.
El turismo en San Cristóbal de Las Casas, junto con la agricultura en el Soconusco, representan dos caras del mismo fenómeno: empleos que se multiplican gracias al flujo de visitantes y al comercio internacional, pero que en muchos casos siguen estando en la informalidad.
La paradoja laboral en Chiapas es clara: aunque hay generación de empleo, la mayoría se concentra en actividades informales, con bajos ingresos y sin seguridad social.
Cancino reconoce que el reto es mejorar los salarios y fomentar la formalización.
El panorama laboral en Chiapas es, al final, un espejo de sus desigualdades históricas. Por un lado, los polos de desarrollo prometen dinamizar regiones enteras con empleos mejor remunerados. Por otro, la mayoría de la población sigue atrapada en la informalidad, lo que perpetúa los rezagos sociales.











































