Proyectos federales que prometían desarrollo urbano para Tapachula se convirtieron en símbolos del descuido institucional
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
Cinco años después de una de las inversiones más ambiciosas del Gobierno Federal en Tapachula, los proyectos impulsados por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) lucen como símbolos del abandono. Los más de 210 millones de pesos destinados a modernizar la infraestructura urbana del municipio hoy se traducen en parques deteriorados, ciclovías inservibles y mercados vacíos, esto reflejó una falta de planeación que terminó por anular su impacto social.
El Programa de Mejoramiento Urbano prometía transformar la imagen de Tapachula, pero solo dejó rastros de obras sin mantenimiento. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, más del 62 por ciento de la infraestructura pública en municipios fronterizos del sur presenta deterioro estructural por falta de seguimiento técnico. En el caso de Tapachula, la mayoría de los proyectos no cuenta con actas de entrega-recepción formalizadas, lo que dificulta exigir responsabilidades a las constructoras.
Entre las obras ejecutadas destacan la Estación del Ferrocarril, la ciclovía de la 8a Norte, el parque del Café y el Tianguis Guadalupe Indeco Cebadilla. Salvo la primera, las demás se encuentran en condiciones deplorables. Datos de la Secretaría de la Función Pública (SFP) indicaron que, en la entidad, el 47 por ciento de los proyectos ejecutados por Sedatu entre 2019 y 2021 presentaron observaciones por deficiencias técnicas o presupuestales.
Empresarios locales señalaron que el deterioro no solo es físico, sino también simbólico: reflejó la desconexión entre las políticas federales y las verdaderas necesidades de la región. Tapachula, donde el 38 por ciento de la población vive en rezago urbano según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, necesitaba obras con vocación económica y social sostenida, no proyectos que se desmoronan antes de cumplir un ciclo.
Mientras tanto, los espacios que debieron generar comunidad hoy son recordatorios de lo efímero que puede ser el desarrollo mal planeado. El Observatorio de Gasto Público reportó que el 31 por ciento de los recursos del Programa de Mejoramiento Urbano en el país carece de indicadores de impacto social verificables. En Tapachula, las inversiones millonarias de Sedatu se han convertido en ruinas modernas, una muestra visible de cómo la falta de supervisión puede convertir la esperanza en escombros.











































