Ejidatarios denuncian que la obra ferroviaria dejó incomunicadas sus parcelas y elevó costos de cosechas
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
El bloqueo realizado por productores del ejido 20 de Noviembre volvió a poner en evidencia la tensión que persiste entre las comunidades agrícolas y los proyectos ferroviarios en la frontera sur. La interrupción de las obras de la Línea K no es solo una protesta puntual, sino una reacción a la acumulación de compromisos incumplidos que afectan la movilidad y el trabajo de la población local. En Suchiate, donde la tierra marca el ritmo económico, cualquier obstáculo en los accesos altera toda la dinámica comunitaria.
Los habitantes señalaron que la construcción dejó a su comunidad dividida. Lo que debían ser tres pasos vehiculares se redujo a uno solo, sobre el camino al ejido Joaquín Miguel Gutiérrez, hoy la única vía disponible mientras continúa la rehabilitación del puente del río Cahoacán. En una zona donde el traslado de cosechas es esencial, perder rutas internas implica retrasos, mayores costos y el riesgo de quedarse incomunicados.
La molestia creció cuando confirmaron que la Secretaría de Marina y las empresas constructoras no cumplieron lo pactado en minutas, mantenimiento a caminos sacacosechas, reconstrucción de puentes y habilitación de accesos seguros. Para la presidenta del comisariado, María Concepción Estrada Rodríguez, y el representante Marvin Castillo Calderón, el incumplimiento dejó de ser administrativo para convertirse en una afectación a la productividad y a la vida cotidiana.
El conflicto no ocurrió en el vacío. En la comarca, el 44 por ciento de la población ocupada trabaja en actividades primarias, lo que reveló la dependencia del territorio hacia la agricultura. A esto se suma que más del 70 por ciento de los caminos rurales del estado son de terracería, por lo que cualquier cierre o desviación genera impactos significativos. En municipios fronterizos como Suchiate, el 62 por ciento de los ejidatarios requiere rutas sacacosechas para mover su producción, mientras que el 55 por ciento de los hogares rurales no cuenta con vehículo propio, esto aumenta su vulnerabilidad.
Con el bloqueo, los productores enviaron un mensaje firme, la Línea K no podrá avanzar mientras sus accesos permanezcan obstruidos o incumplidos los acuerdos. No rechazan la obra, pero exigen respeto a su movilidad y a su economía, pilares diarios de la vida en Suchiate.











































