El deterioro caminos rurales limita la presencia policial y facilita el actuar de grupos delictivos
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
El repunte de robos en la zona media y alta de Tapachula volvió a encender las alertas entre los productores de café, quienes señalaron que la ausencia de patrullajes ha creado un entorno donde la delincuencia opera con mayor facilidad. La situación se agrava en plena temporada de cosecha, momento en el que el valor del grano aumenta y, con ello, el riesgo de asaltos. Según datos del Secretariado Ejecutivo, Chiapas registró más de cuatro mil carpetas por robo en 2023, una cifra que los cafetaleros consideran subestimada frente a lo que ocurre en el campo.
Las denuncias van más allá del hurto de café, en algunas comunidades ya se reportó la irrupción de ladrones en viviendas, lo que ha generado temor y una sensación de abandono institucional. Los productores advirtieron que esta tendencia no es nueva; desde hace cinco años, seis de cada 10 comunidades cafetaleras han reportado incidentes delictivos, según cifras del propio sector. Para ellos, la falta de vigilancia sistemática no solo encarece la producción, sino que erosiona la estabilidad económica de cientos de familias.
A esta problemática se suma el deterioro de la llamada Ruta del Café y de los caminos rurales, cuyas condiciones impiden la movilidad rápida de cuerpos de seguridad. El Instituto Mexicano del Transporte ha estimado que al menos el 42 por ciento de los caminos rurales del país presenta daños moderados o severos, un indicador que se refleja con crudeza en Tapachula.
Los productores sostuvieron que esta combinación de carreteras intransitables y vigilancia intermitente ha permitido que el robo de café se vuelva una actividad de bajo riesgo. Durante periodos de cosecha, la región llega a mover hasta 30 mil toneladas del aromático, lo que incrementa la vulnerabilidad de los transportistas y pequeños productores. La falta de infraestructura y la limitada presencia policial han convertido a las zonas altas en corredores propicios para el delito.
Ante este panorama, las organizaciones cafetaleras exigieron una estrategia de seguridad adaptada a la realidad rural, no solo al incrementar patrullajes, sino al garantizar caminos transitables para que las autoridades puedan llegar a tiempo. El llamado es urgente, mejorar la movilidad, reforzar la vigilancia y evitar que la impunidad desmantele una de las actividades agrícolas más importantes del municipio.











































