La polémica exhibió la tensión entre apoyo social, orden sanitario y prácticas normalizadas de ocupación irregular
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
Frío, hambre, sed y sin un lugar donde resguardarse de las inclemencias del clima, eran algunas de las dificultades que experimentaban los familiares de los pacientes del Hospital de Las Culturas en San Cristóbal de Las Casas. Ahora, la historia es distinta y gracias al apoyo privado tienen a su disposición el Albergue de Las Culturas, recinto que experimenta una polémica por parte de los usuarios, quienes se rehúsan a cubrir el costo de 30 pesos como cuota de recuperación para instalarse una vez más en espacio público con carpas improvisadas.
El conflicto se centró en la percepción del derecho y la corresponsabilidad. Mientras el albergue limita el acceso a dos acompañantes por paciente para garantizar condiciones adecuadas, en el exterior del hospital vuelven a concentrarse grupos numerosos. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud estatal, más del 60 por ciento de los pacientes hospitalizados en la región Altos provienen de municipios lejanos, lo que explica la presión constante sobre los servicios de alojamiento.
La incongruencia señalada por ciudadanos apuntó a un problema más profundo, y es que datos oficiales del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social indicaron que, en Chiapas, el gasto promedio diario en alimentos fuera del hogar supera los 80 pesos por persona, muy por encima de la cuota solicitada por el albergue. Esto confirmó la sospecha de que la negativa al pago no siempre responde a falta de recursos, sino a dinámicas ya normalizadas.
En el pasado, la estancia irregular en las afueras del hospital derivó en prácticas informales que llegaron a convertirse en un negocio entre usuarios, sin control ni condiciones sanitarias. Autoridades municipales han reconocido que este tipo de ocupaciones generan riesgos, puesto que, según registros de Protección Civil, siete de cada 10 incidentes menores en zonas hospitalarias estuvieron relacionados con instalaciones improvisadas, uso de anafres y saturación de espacios.
El Albergue de Las Culturas, único en su tipo en la entidad y sin haber sido construido con recursos públicos, ha logrado cuestionar sobre la viabilidad de continuar con proyectos de apoyo, que no son respaldados y valorados por la sociedad. El conflicto se reduce a erradicar un estilo de vida de precariedad normalizado, que no permite un desarrollo, atención ordenada y digna.











































