Familias que permanecen a las afueras del Hospital Pascacio Gamboa, denuncian un desabasto de insumos básicos
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En la capital chiapaneca, la zona de neonatología del Hospital Regional Rafael Pascacio Gamboa se ha convertido en el epicentro de una crisis silenciosa. Detrás de los muros del hospital, decenas de bebés prematuros luchan por su vida en incubadoras; afuera, sus madres libran una batalla económica contra un sistema de salud que, aseguran, les ha dado la espalda en el momento más crítico.
La precariedad no solo se vive en los diagnósticos médicos, sino en la banqueta. Bajo estructuras improvisadas de casas de nylon, madres provenientes de distintos puntos del estado pernoctan a la espera de noticias, resistiendo las inclemencias del tiempo y la angustia de no contar con los recursos para los medicamentos e insumos que el hospital les solicita de manera constante.
Para muchas de estas familias, la salud pública es un concepto lejano. Damaris, cuya hija lleva 20 días hospitalizada tras una cirugía de órganos vitales, relató que la mejoría de su pequeña ha tenido un precio alto. Pese a que el servicio debería ser gratuito, la lista de
requerimientos externos no cesa.
“Tiene 20 días, nació malita de sus órganos y le tuvieron que hacer una cirugía, pero gracias a Dios ya va mejorando, pero para su recuperación nos han pedido medicamentos, sueros, pomadas y muchas cosas más, en las que gastamos hasta mil o mil 500 pesos a la semana”, explicó Damaris.
Esta cifra, que parece manejable para algunos, es devastadora para familias de escasos recursos en Chiapas, donde el salario mínimo apenas cubre las necesidades básicas de alimentación.
El caso de Arely ilustra la cara más amarga de esta carencia. Su bebé, nacido prematuramente hace casi dos meses, todavía no desarrolla la capacidad pulmonar necesaria para respirar por sí solo. A la angustia respiratoria se suma la alimenticia: el hospital no cuenta con la leche especializada que el recién nacido requiere.
“Va a hacer dos meses el seis de este mes. Como es prematuro nació antes del tiempo y todavía le falta respiración y todo, por eso no se ha podido ir a mi casa”, narró Arely desde su refugio de plástico. La mujer detalla una lista de gastos que incluye sondas y nutrición parenteral, pero el golpe más duro es la fórmula.
“Como no acepta la leche de mi pecho, estoy comprando una leche que vale mil 26 pesos y la tengo que comprar cada cinco días. Ya me voy gastando cinco mil pesos… hemos prestado porque no hay y mi esposo trabaja de repartidor y no nos alcanza”.
La dependencia de préstamos y la solidaridad de terceros es lo único que mantiene el tratamiento en pie. El llamado de Arely es urgente: requiere apoyo para costear la leche que es, literalmente, el sustento de vida de su hijo.
Liliana Guadalupe también se suma a este calvario. Ella misma enfrentó una complicación pancreática durante el embarazo que obligó a un parto prematuro de emergencia. Su bebé entró al mundo en estado grave, y aunque hoy se encuentra estable en una incubadora, el flujo de peticiones de material médico no se detiene.
“Sí me han pedido medicamentos, sondas para que empiece a comer… las sondas me salen en 20 o 30 pesos y me dicen que me van a pedir más porque se tienen que cambiar para evitar infecciones”, comentó Liliana, evidenciando que incluso los insumos más básicos y económicos están ausentes en el inventario del hospital.
Las madres del Pascacio Gamboa no solo piden oraciones, piden que las autoridades de salud de Chiapas garanticen el abasto de medicamentos que, por ley, deberían estar disponibles.











































