Visitantes sin permiso invaden áreas clave para la reproducción de esta especie protegida
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En la cuenca media del río Grijalva, el equilibrio natural entre humanos y cocodrilos empieza a resquebrajarse. La zona comprendida entre la presa Usumacinta y el Árbol de Navidad, espacio clave para la anidación del cocodrilo de río (Crocodylus acutus), ha sido invadida por visitantes imprudentes. Paseantes en kayak y senderistas ignoran las restricciones y entran sin permiso en áreas críticas del Parque Nacional Cañón del Sumidero.
Cada año, entre febrero y julio, los cocodrilos defienden ferozmente sus nidos y crías. Durante este ciclo reproductivo y la temporada de lluvias, su comportamiento territorial se intensifica. Según la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), el parque alberga 200 ejemplares, algunos con tamaños que superan los cinco metros. El 40 por ciento de esa población se encuentra en edad reproductiva, lo que vuelve prioritario proteger sus espacios de anidación.
A pesar de las advertencias, turistas y agencias de viaje operan sin autorización en zonas restringidas. Esta irrupción no solo pone en riesgo la vida de los visitantes, sino también la conservación de una especie catalogada como “vulnerable” por la NOM-059-SEMARNAT-2010. Un informe de Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) documentó al menos 12 incursiones ilegales en lo que va del año, algunas guiadas por prestadores de servicios turísticos no acreditados.
El daño ecológico también es acumulativo. Las perturbaciones humanas provocan abandono de nidos y alteración del comportamiento reproductivo. Estudios del Zoológico Miguel Álvarez del Toro indicaron que el 30 por ciento de los nidos en zonas perturbadas son abandonados antes de la eclosión. Además, se estima que solo uno de cada 10 cocodrilos nacidos en la naturaleza logra llegar a la adultez.
Aunque los cocodrilos han evitado el contacto con humanos, esta frágil convivencia se ha mantenido gracias a una delimitación tácita de territorios. Hoy, esa línea invisible se diluye. Las autoridades han desplegado una estrategia conjunta con Protección Civil y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) para reforzar el monitoreo y la educación ambiental, pero mientras el respeto a estos espacios no sea mutuo, el riesgo de una tragedia seguirá al acecho.











































