Factores como desempleo, baja escolaridad y aislamiento emocional aumentan la vulnerabilidad masculina
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Chiapas enfrenta un patrón preocupante, hombres de entre 30 y 39 años son el grupo más vulnerable al suicidio, en especial en Tuxtla Gutiérrez y Tapachula. Según datos del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), el 38 por ciento de los hombres en esta franja etaria enfrenta desempleo o subempleo, un factor que incrementa la presión psicológica y la sensación de fracaso personal.
El contexto educativo también incide. El Consejo Nacional de Población (CONAPO) indicó que cerca del 45 por ciento de los chiapanecos de 30 a 39 años no ha completado estudios de nivel medio superior, lo que limita sus oportunidades laborales y contribuye a problemas de autoestima y estrés crónico. La combinación de bajos ingresos y falta de capacitación incrementa la exposición a conductas de riesgo y aislamiento social.
La falta de infraestructura en salud mental agrava la situación. El Observatorio de Salud Mental en la entidad reportó que solo uno de cada cuatro municipios cuenta con psicólogo o psiquiatra disponible, y que la proporción de pacientes por especialista supera las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un 70 por ciento. Esto dificulta la detección temprana de depresión y ansiedad, en especial en hombres que evitan acudir a servicios de atención.
Estudios recientes sugirieron que la presión social asociada a la masculinidad hegemónica genera barreras para expresar emociones, el 68 por ciento de los hombres de 30 a 39 años entrevistados en la Encuesta Nacional de Salud y Bienestar Mental reconoció que no habla con familiares o amigos sobre problemas emocionales. Esta falta de redes de apoyo es un factor determinante en la letalidad de los intentos de suicidio.
Ante este panorama, especialistas y autoridades llamaron a fortalecer programas de prevención y sensibilización. Iniciativas como talleres de manejo de estrés, líneas de atención 24/7 y espacios de orientación comunitaria podrían reducir en hasta 35 por ciento el riesgo de suicidio en este grupo, según la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama), convirtiéndose en un recurso vital para enfrentar un problema que no solo afecta vidas individuales, sino también el tejido social de la comarca.











































