Comunidades denunciaron que no fueron consultadas sobre una obra que podría agravar la escasez de agua
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
En la comunidad de Bachajón, municipio de Chilón, un grupo de pobladores realizó una manifestación pacífica para exigir que se modifique el trazo de la supercarretera Palenque–Ocosingo. Aseguraron que el proyecto pone en riesgo seis manantiales que abastecen de agua a comunidades cercanas y que resultan esenciales para el consumo doméstico, la agricultura y la vida cotidiana.
Los habitantes explicaron que la construcción de la vía afectaría los manantiales que surten a barrios como San Jerónimo Centro, Lázaro Cárdenas, San José y Axhoket, entre otros. En Chiapas, solo el 53 por ciento de los hogares rurales cuenta con agua entubada, y el 47 por ciento restante depende de fuentes naturales como ríos o pozos, según elInstituto Nacional de Estadística y Geografía. Para los manifestantes, el proyecto representó una amenaza real en un estado donde el acceso al agua sigue siendo una deuda histórica.
Aunque reconocen que la supercarretera podría mejorar la conectividad y el turismo, los pobladores señalaron que la obra debe replantearse para no comprometer los ecosistemas. En su mayoría, las comunidades indígenas de la zona enfrentan ya una situación crítica, cuatro de cada 10municipios chiapanecos presentan escasez estacional de agua, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua. Ante ello, advirtieron que destruir los manantiales sería agravar un problema que el propio Gobierno no ha resuelto.
Durante la manifestación, los pobladores denunciaron además la falta de una consulta previa, libre e informada, como lo establece la ley. Aseguraron que la audiencia se realizó en la cabecera municipal de Chilón, sin incluir a las localidades que resultarían afectadas. “No se trata de frenar el desarrollo”, insistieron, “sino de garantizar que los proyectos respeten la vida de quienes habitan el territorio”.
El caso de Bachajón puso sobre la mesa una contradicción que persiste en la comarca, el estado concentró el 30 por ciento del agua superficial del país, pero el 40 por ciento de su población vive en zonas con deficiencia en el servicio. Mientras los discursos oficiales hablan de progreso, las comunidades exigen que el desarrollo también signifique proteger los recursos que los sostienen. La carretera puede esperar; los manantiales, advirtieron, no.











































