Con más de 228 mil menores ocupados, la entidad enfrenta uno de los mayores desafíos en materia de protección a la niñez
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En Chiapas, la niñez trabaja más que en casi cualquier otro rincón del país. De los más de 1.6 millones de menores de entre cinco y 17 años que habitan en el estado, 228 mil 406 desempeñan alguna ocupación, lo que equivale al 14.04 por ciento de esa población. La cifra no solo reflejó precariedad, reveló una normalización del trabajo infantil que se ha instalado como parte del paisaje social chiapaneco.
El informe presentado por la Secretaría de Finanzas señaló que los menores laboran hasta 14 horas diarias, una jornada que supera en 12.25 por ciento el promedio nacional. Muchos lo hacen en el campo, en talleres o en labores domésticas, sin seguridad ni derechos laborales. La comarcase ubica así en el segundo lugar nacional en ocupación infantil, solo detrás de Guerrero, mientras la promesa de una educación accesible para todos sigue pendiente.
A esta realidad se suma el peso de las tareas invisibles, el 6.75 por ciento de las niñas y niños realizó quehaceres domésticos en condiciones no adecuadas. Este tipo de trabajo, no remunerado, pero igualmente desgastante, mantiene a cientos de menores fuera de las aulas y expuestos a dinámicas de explotación. En total, el estado concentró casi el 10 por ciento del total nacional de la población infantil trabajadora.
El panorama se agravó al observar la tasa de menores que laboran por debajo de la edad mínima legal. En la entidad, el 10.26 por ciento de los niños y niñas trabajó antes de los 15 años, más del doble del promedio nacional. No son casos aislados, sino un reflejo del rezago económico y educativo que persiste, más del 70 por ciento de la población infantil vive en condiciones de pobreza, y el acceso a educación media está 15 puntos por debajo del promedio del país.
Cada cifra reveló un mismo mensaje, la infancia chiapaneca está atrapada entre la necesidad y la desatención institucional. Frenar el trabajo infantil no solo requiere vigilancia y sanciones, sino también un sistema educativo más inclusivo y programas sociales capaces de romper el ciclo de pobreza. Porque detrás de cada niño que trabaja 14 horas, hay un futuro que se extingue antes de empezar.











































