Acusaron indiferencia del Gobierno municipal y piden intervención estatal para frenar la violencia en zonas sin iluminación
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En El Hular, una comunidad de Tuzantán, la inseguridad dejó de ser una percepción para convertirse en un riesgo cotidiano bajo la penumbra. La falta de alumbrado público en varios sectores ha convertido los trayectos nocturnos en una zona para asaltos, mientras el Gobierno municipal mantiene una postura que los habitantes califican como indiferente. La exigencia de los pobladores no es nueva, pero sí cada vez más urgente.
La problemática en El Hular coincidió con una tendencia estatal preocupante. En Chiapas, el 67 por ciento de la población considera que caminar de noche en su colonia es inseguro, y el alumbrado deficiente figura entre los factores que más aumentan esa sensación de vulnerabilidad. La falta de luminarias no solo expone a los peatones; también inhibe el uso de espacios comunitarios, disminuye la vida económica después del atardecer y deja sin condiciones básicas a quienes necesitan desplazarse para estudiar o trabajar.
Los habitantes recordaron que han solicitado, sin resultado, la reactivación de las luminarias al Gobierno municipal. Sin embargo, el problema ha escalado al punto de superar la capacidad organizativa de la propia comunidad. Algunos aseguraron que, desde que las calles quedaron a oscuras, los robos aumentaron de forma perceptible, y basan su preocupación en datos nacionales: el 43 por ciento de los delitos con violencia ocurre en espacios públicos mal iluminados, según estadísticas oficiales recientes.
La petición ahora se extiende al Gobierno estatal, con la esperanza de que pueda intervenir donde la autoridad municipal ha fallado. Los vecinos enfatizaron que contar con alumbrado no es un privilegio, sino una obligación mínima del Estado para prevenir riesgos. Y tienen sustento: estudios de seguridad indicaron que la instalación adecuada de iluminación puede reducir hasta en 21 por ciento la incidencia de delitos nocturnos, un margen significativo para una comunidad que hoy vive atrapada entre la oscuridad y el miedo.
En ese contexto, El Hular se ha convertido en un reflejo de un problema mayor. En México, el 58 por ciento de las personas que sufrieron un delito reportaron que el ataque ocurrió en un entorno donde faltaba iluminación, lo que ubica al alumbrado público como una herramienta de prevención indispensable. Para esta comunidad, cada noche sin luz es una noche con mayor probabilidad de agresiones, y cada día sin respuesta institucional profundiza la sensación de que la inseguridad avanza al amparo de la indiferencia.











































