La prevalencia de dichos padecimientos supera el promedio nacional y alcanza 80 por ciento entre quienes ya tienen cardiopatía
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En Chiapas, donde los infartos ya representan una de las emergencias médicas más frecuentes, investigadores de la Universidad Autónoma de Chiapas han descubierto un factor adicional que agrava el panorama, una mutación genética presente en una proporción significativa de la población. El hallazgo, lejos de ser un dato clínico aislado, abrió una discusión urgente sobre cómo el sistema de salud aborda la prevención en un estado donde las enfermedades cardiovasculares ocuparon el 17 por ciento de las defunciones en 2023, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
El equipo científico identificó que la variante del gen TPA puede aumentar hasta cuatro veces la probabilidad de sufrir un infarto agudo al miocardio, lo que colocó a Chiapas en un escenario distinto al del resto del país. Este riesgo elevado se suma a un contexto en el que México reportó una tasa de 141 muertes por cada 100 mil habitantes por enfermedades isquémicas, y donde la mitad de los fallecimientos ocurren antes de los 65 años, de acuerdo con la Secretaría de Salud. Para los especialistas, el componente genético modifica la manera en que deben diseñarse las estrategias preventivas.
La investigación inicial reveló que más del 30 por ciento de los chiapanecos porta esta mutación, una proporción que supera el promedio nacional y que se dispara a más del 80por ciento entre quienes ya presentan cardiopatía isquémica. Esta prevalencia se vincula con la composición étnica del estado, donde la mezcla de ascendencia amerindia y africana configura perfiles biológicos únicos. En un territorio donde el 53 por ciento de los adultos vive con sobrepeso u obesidad, la interacción entre genética y estilo de vida elevalos riesgos a edades cada vez más tempranas.
El laboratorio ha observado que estrés, contaminación ambiental, pesticidas e infecciones actúan como detonantes silenciosos. La combinación de estos factores incrementa el riesgo de inflamación crónica. En la comarca, donde el 38por ciento de la población expuesta a contaminación por partículas supera los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud, las condiciones ambientales se convierten en un agravante que no puede ignorarse.
El grupo de investigación insistió en que la detección temprana debe convertirse en una herramienta accesible y no en un privilegio. Para los científicos, el reto es que el Estado reconozca estas evidencias y adapte sus políticas de prevención estatal.











































