La cercanía abrió oportunidades antes fuera del alcance comunitario
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Chiapas se ha distinguido en todo el país por ser una de las entidades federativas más diversas en cuanto a recursos naturales, especies de flora y fauna, multiculturalidad, entre otros, sin embargo, el rezago en rubros como salud y sobre todo educación siguen vigentes, lo que reduce las oportunidades de romper el círculo de precariedad que envuelve al territorio, por ello, la red de Universidades para el Bienestar Benito Juárez García, se ha consolidado en la región para formar y poner al sistema universitario a disposición de las comunidades más vulnerables.
Dicha iniciativa cobró relevancia en un estado donde solo 23 de cada 100 jóvenes acceden a la educación superior, una de las tasas más bajas del país. Al instalar sedes en municipios rurales e indígenas, el modelo reduce barreras económicas y geográficas que durante décadas limitaron el ingreso universitario, la accesibilidad financiera y la cercanía territorial cambian el punto de partida para miles de estudiantes.
La apuesta por carreras en salud comunitaria responde a una carencia estructural, dado que, en la entidad hay menos de 1.5 médicos por cada mil habitantes, muy por debajo del promedio nacional. Formar personal médico y de enfermería en las propias regiones no solo fortalece la atención primaria, sino que incrementa la permanencia de profesionales en comunidades donde antes la rotación y la ausencia eran la regla.
En el ámbito agroalimentario y ambiental, las ingenierías se alinean con una realidad donde más del 40 por ciento de la población ocupada en el estado trabaja en actividades primarias, la formación técnica en agroforestería, procesos agroalimentarios y gestión de recursos naturales apuntó a mejorar productividad, sostenibilidad y seguridad alimentaria, sin romper el vínculo entre educación y territorio.
Las ciencias sociales, el patrimonio cultural y la veterinaria completan un ecosistema académico pensado para el desarrollo local, con matrículas que oscilan entre 50 y 300 estudiantes por sede, el modelo priorizó cobertura regional sobre concentración urbana, en un contexto donde siete de cada 10 municipios presentan altos niveles de marginación, así, la educación superior en la comarca dejó de ser un privilegio distante y se ha convertido en una herramienta concreta de arraigo, identidad y transformación comunitaria.











































