Con una tasa en ascenso y un porcentaje importante de personas aún no localizadas, mantiene una alerta en Chiapas
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Con más de cuatro mil 800 desapariciones registradas en 2025, Chiapas no solo alcanzó su punto más alto en años recientes, también consolidó una tendencia que ha dejado de ser episódica para instalarse como parte de la vida cotidiana. La organización civil Red Lupa documentó este comportamiento como el más crítico desde 2022, lo que sugirió que el problema ha dejado de fluctuar para convertirse en una constante que se expande sin contención visible.
A lo largo de cuatro años, la evolución de los casos no dibuja una línea recta, pero sí una trayectoria ascendente que no logra estabilizarse. Datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas permitieron dimensionar este fenómeno más allá del conteo absoluto, al ubicar la tasa estatal en alrededor de 26 desapariciones por cada 100 mil habitantes en 2025, casi el doble de lo observado al inicio del periodo, lo que puso a la entidad en una dinámica de crecimiento sostenido.
En ese contexto, el perfil de las víctimas comienza a delinear patrones que van más allá de las cifras, donde la mayoría de los casos recae en hombres jóvenes y en edades productivas, mientras que en mujeres persiste una concentración en etapas tempranas de vida. Esta distribución señala a entornos específicos de riesgo, donde la desaparición se cruza con condiciones sociales que siguen sin atenderse de fondo.
La geografía del problema también ha comenzado a cerrarse sobre ciertos puntos, donde municipios como Berriozábal han sido señalados por colectivos como espacios recurrentes de desaparición. De acuerdo con estimaciones basadas en registros del Observatorio Nacional Ciudadano, un grupo reducido de municipios concentró cerca del 35 por ciento de los casos recientes, lo que sugirió que la crisis está focalizada en zonas donde la respuesta institucional no ha logrado contenerla.
Frente a este escenario, la búsqueda se ha desplazado hacia las familias, que han recorrido calles, caminos y zonas de riesgo en busca de indicios. Información de la Comisión Nacional de Búsqueda indicó que poco más de la mitad de las personas reportadas han sido localizadas en los últimos años, un dato que, lejos de cerrar la discusión, mantiene abierta la incertidumbre sobre quienes siguen sin ser encontrados y reforzó una exigencia social que pide respuestas concretas.











































