Con esperanza y firmeza, las buscadoras advirtieron que volverán a las calles si autoridades incumplen promesas pactadas
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Después de casi un mes de plantón frente a la Fiscalía General del Estado, la colectiva Madres Buscadoras de Chiapas decidió levantar su protesta y trasladar la lucha al terreno que más las convoca: el campo. Ocho familias que integran el colectivo anunciaron que, durante noviembre y diciembre, emprenderán jornadas de búsqueda en penales, servicios forenses y zonas rurales de varios municipios del estado.
El levantamiento del plantón no marcó un cierre, sino una transición. Las madres, que desde el 6 de octubre exigían respuestas concretas, lograron acuerdos con el fiscal general Jorge Luis Llaven Abarca para establecer una agenda de trabajo que, según Torres, “reconoce por fin la necesidad de mantener activas las investigaciones”. En la entidad, la Fiscalía reportó poco más de mil 600 personas desaparecidas; sin embargo, colectivos y organizaciones civiles documentaron más de tres mil casos.
De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas, el 60 por ciento de los casos estatales se concentran en municipios de la región Centro y Soconusco, zonas donde los desplazamientos forzados y la violencia comunitaria han ido en aumento. Tan solo en 2024 se reportaron 400 nuevos casos, cuatro veces más que los registrados durante el primer año del actual Gobierno local. Pese a ello, solo una cuarta parte ha sido denunciada formalmente ante las autoridades.
Las Madres Buscadoras señalaron que la inacción institucional es uno de los mayores obstáculos para el hallazgo de sus familiares. Según datos del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, en la comarca, el 72 por ciento de las carpetas por desaparición carece de avances sustantivos y apenas el ocho por ciento se ha judicializado.
Con esta nueva etapa, las madres retomaron la búsqueda donde el Estado se ha detenido. Entrarán a penales, revisarán archivos forenses y recorrerán comunidades que durante años han permanecido fuera del radar institucional. En medio del cansancio y la desesperanza, su convicción sigue firme, cada búsqueda es un acto de resistencia, y cada cuerpo encontrado, una herida menos en la memoria colectiva de Chiapas.











































