La vuelta de los desplazados refleja la resiliencia de la comunidad y búsqueda de soluciones
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Tras más de nueve años fuera de su tierra natal, las familias del ejido Puebla, en San Pedro Chenalhó, regresaron a sus hogares este jueves. En 2016, más de 200 personas, entre ellas niñas, niños, adultos y personas mayores, se vieron obligadas a abandonar sus comunidades por conflictos políticos y la presencia de grupos armados. Desde entonces, han vivido en condiciones precarias en un campamento improvisado en la ex granja de pollos, ubicada en el periférico oriente de San Cristóbal de Las Casas.
El retorno de las familias es resultado de la voluntad mostrada por los desplazados y de recientes acuerdos con los gobiernos federal, estatal y municipal, además de las autoridades tradicionales del ejido Puebla. Este jueves regresaron alrededor de 34 familias, mientras que unas 20 permanecerán en el campamento a la espera de un segundo retorno. La coordinación reflejó un esfuerzo conjunto por garantizar que la vuelta sea ordenada y segura, al mismo tiempo que respeta los tiempos de cada familia.
El desplazamiento de 2016 reflejó un fenómeno más amplio, se estimó que el 85 por ciento de los desplazados de Los Altos de Chiapas han permanecido fuera de sus comunidades por más de cinco años, y que alrededor del 70 por cientodepende de refugios provisionales como el campamento de San Cristóbal. La falta de acceso a servicios básicos y empleo ha mantenido a estas familias en condiciones vulnerables durante casi una década.
Durante los preparativos del retorno, se observó el traslado de pertenencias en varias camionetas, mientras que no se reportó presencia policial para garantizar la seguridad de los desplazados. A pesar de ello, uno de los retornantes expresó sentirse optimista, al destacar el papel del Gobierno estatal en la búsqueda de soluciones. Este contexto subrayó que, si bien la voluntad política es clave, el acompañamiento constante y medidas de protección son esenciales para evitar nuevos desplazamientos.
El retorno de estas familias no solo marcó un reencuentro con sus raíces, sino que también simbolizó la resiliencia de una comunidad que ha vivido años de desarraigo. 34 familias retornaron y 20 planifican para un segundo retorno, se abre un capítulo de reconstrucción que requiere seguimiento y compromiso institucional.











































