El acompañamiento a mujeres en comunidades se desarrolla con carencias materiales y bajo posibles riesgos legales en su ejercicio
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Ante la persistencia de la falta de infraestructura médica en regiones indígenas de Chiapas, la partería tradicional ha asumido un papel que trasciende el acompañamiento comunitario para convertirse en una red de atención primaria frente a los riesgos del embarazo. Este modelo, sostenido por mujeres organizadas, opera en territorios donde la distancia a un hospital puede superar varias horas de traslado, lo que incrementa la vulnerabilidad materna.
En la práctica cotidiana de Chalchihuitán, la organización de la Casa de la Mujer Indígena ha consolidado un esquema de atención gratuita que busca reducir complicaciones durante el embarazo y el parto. Datos de la Secretaría de Salud indicaron que la comarca se mantiene entre las entidades con mayores tasas de mortalidad materna, con un registro superior a 50 defunciones por cada 100 mil nacidos vivos en los últimos reportes disponibles.
Bajo condiciones de alta marginación, la labor de las parteras también se enfrenta a la falta de insumos básicos como material estéril, medicamentos de emergencia y equipamiento de monitoreo, lo que limita la capacidad de respuesta ante complicaciones. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, más del 40 por ciento de la población en municipios indígenas del estado presenta carencias en acceso a servicios de salud.
Desde la perspectiva de derechos y reconocimiento institucional, la ausencia de protocolos claros de protección ha generado tensiones en torno a la partería tradicional, que en algunos casos enfrenta procesos de criminalización o vigilancia administrativa. Información de la Organización Mundial de la Salud señaló que el fortalecimiento de parteras capacitadas puede reducir hasta 30 por ciento las muertes maternas en contextos rurales, siempre que exista integración con sistemas de salud formales.
En este escenario, la sostenibilidad del proyecto depende de la autogestión y de apoyos externos mínimos, sin financiamiento estatal o de organismos civiles, lo que limita su alcance territorial. Estimaciones del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia advirtieron que la inversión en salud materna comunitaria es una de las estrategias más efectivas para reducir brechas de atención, en especial en regiones con alta dispersión poblacional como la zona Altos de Chiapas.











































