Las limitaciones del sector público empujan a pacientes a gastos que muchas familias no pueden asumir
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Al evidenciarse que menos de la mitad de los pacientes referidos para cirugía logra ser intervenido, el sistema de salud pública en Chiapas quedó expuesto como una ruta fragmentada que convierte la atención médica en un proceso incierto. El dato, documentado por investigadores de la Universidad de Harvard, no solo dimensionó una falla operativa, también planteó una brecha entre el diagnóstico médico y la capacidad real de respuesta hospitalaria.
Mientras el recorrido institucional debería garantizar continuidad en la atención, el tránsito entre niveles médicos termina por convertirse en un filtro que detiene tratamientos esenciales, pues Chiapas cuenta con apenas 1.2 quirófanos por cada 100 mil habitantes, una de las tasas más bajas del país. Bajo ese escenario, la referencia médica dejó de ser un puente y se transformó en un punto de espera prolongado.
Al trasladarse el problema a las condiciones materiales de los hospitales, la falta de especialistas y equipamiento se vuelve determinante, al tomar en cuenta que la entidad registró alrededor de 0.9 médicos especialistas por cada mil habitantes, muy por debajo del promedio nacional. Esa limitación no solo reduce la capacidad quirúrgica, también obligó a reorganizar prioridades dentro de los hospitales, lo que deja en segundo plano procedimientos considerados no urgentes.
Tras enfrentar semanas o meses de espera, los pacientes se ven empujados a tomar decisiones que impactan en su economía, en un contexto donde más del 60 por ciento de la población en la comarca vive en condiciones de pobreza, lo que vuelve casi inaccesible la opción privada. En ese trayecto, cirugías electivas, ginecológicas y ortopédicas se convirtieron en las más vulnerables a quedar fuera del sistema.
Al plantearse la posibilidad de articular mejor los servicios entre instituciones como la Secretaría de Salud, el reto apuntó a construir una red funcional que permita aprovechar la capacidad instalada, sobre todo si se considera que el gasto público en salud en el estado se mantiene por debajo del promedio nacional en términos per cápita. Desde esa perspectiva, el problema no radicó solo en la falta de recursos, también en la forma en que estos se distribuyen y se coordinan para garantizar atención oportuna.












































