La falta de acceso a agua potable y servicios médicos agrava el impacto de los fenómenos climatológicos
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
El golpe de calor no solo mata por deshidratación, mata por desigualdad. En lo que va de 2025, Chiapas se ubicó como la tercera entidad con más muertes por calor extremo, al registrar cuatro decesos confirmados. Pero lo alarmante no es la cifra en sí, sino lo que reveló, un sistema de salud colapsado, infraestructura insuficiente y un territorio excluido de las políticas climáticas nacionales.
Aunque Sonora y Veracruz lideran en número de muertes, en la entidad las condiciones son distintas, más del 70 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval, 2022) y solo cuatro de cada 10 hogares rurales tienen acceso continuo a agua potable, de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi, 2020), lo cual agrava los efectos de la exposición prolongada al calor. Aquí, enfrentar 40 grados no es una anomalía estacional, sino una lucha diaria sin defensa posible.
El Sistema de Vigilancia Epidemiológica reportó 31 casos de golpe de calor y 20 de deshidratación en la región. Pero detrás de estos números hay contextos donde no hay ambulancia, ni médicos, ni termómetros. En municipios como Acacoyagua o Motozintla, donde se concentran los casos, la cobertura médica efectiva no supera el 35 por ciento conforme al reporte de la Secretaría de Salud, 2023. Las víctimas del calor extremo no mueren por negligencia personal, sino por abandono institucional.
El cambio climático no llega igual a todos lados. Un estudio del Instituto Nacional de Salud Pública reveló que la comarca ha experimentado un aumento del 1.8 grados centígrados en su temperatura promedio durante la última década, lo que intensifica olas de calor en zonas como el Soconusco. Sin campañas de prevención ni protocolos comunitarios, la población rural queda atrapada entre la exposición constante y la carencia de soluciones inmediatas.
La crisis climática ya no es un escenario futuro, es una realidad que mata en silencio. En el estado, donde se ha normalizado el rezago, el calor no solo deshidrata:, desnuda la fragilidad de un modelo de atención que ignora la geografía, el clima y la pobreza. La emergencia no es la temperatura, es la indiferencia.











































