El centro histórico se vacía de residentes y oficios tradicionales, mientras aumentan cafés boutique y Airbnb
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La ciudad que alguna vez fue territorio de tránsito indígena hoy enfrenta una paradoja, San Cristóbal de Las Casas, joya colonial, se fragmenta entre la postal turística y la exclusión de sus pobladores históricos. La expansión urbana y la presión del capital inmobiliario han convertido a esta ciudad en un campo de disputa, donde la memoria y la permanencia se erosionan bajo el peso del turismo sin planificación y la especulación del suelo.
Los 11 barrios fundacionales resisten como trincheras simbólicas frente a un modelo que transforma lo comunitario en mercancía. La homogeneidad estética del centro histórico,oculta el desplazamiento de familias enteras, expulsadas por rentas elevadas y servicios cada vez más orientados al visitante. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), los servicios turísticos ya representan el 53 por ciento de la economía local, frente al 19.9 por ciento que tenía el comercio en 2010.
Mientras la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) celebra el nombramiento de “Ciudad Creativa”, los oficios tradicionales desaparecen uno a uno. En los últimos tres años apenas se han registrado 69 artesanos activos en los 11barrios históricos, frente a los más de 300 censados en la década de los 90, según datos de la Secretaría de Cultura estatal. Panaderías, forjas, talleres de madera y cerámica, ahora sobreviven a la sombra de bares temáticos y boutiques de importación.
La Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) advirtió que muchas manzanas del centro ya no tienen residentes permanentes; el precio del suelo se ha disparado, y zonas como Corazón de María, absorben a quienes no pueden costear la vida en el centro. En paralelo, el ambulantaje y la saturación de servicios refuerzan una dinámica donde las ganancias quedan en manos de operadores externos.
San Cristóbal no está sola en este proceso, pero sí en una encrucijada urgente, preservar la ciudad viva o permitir que el capital turístico la vacíe de sentido. Gobierno federal ha propuesto reutilizar suelos ociosos y reconvertir estructuras abandonadas en vivienda asequible, pero aún falta voluntad local para detener licencias comerciales indiscriminadas y reconocer el derecho de los barrios a existir.
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Los servicios ya representan el 53 por ciento de la economía local











































