La CFE destacó el compromiso técnico local para consolidar una matriz sostenible y pública
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Chiapas se reafirmó como columna vertebral de la energía en el país. Con la modernización de “La Angostura” y el avance de Chicoasén II, el Sistema Hidroeléctrico Grijalva se encamina a generar cuatro mil 800 mega watts de electricidad, capacidad suficiente para encender ciudades enteras del sureste como Tuxtla, Tapachula o Mérida. Más que cifras técnicas, este impulso representa una apuesta concreta por una matriz energética más limpia, regional y soberana.
En un contexto donde el 20 por ciento de la energía nacional ya proviene de fuentes renovables, según datos de la Secretaría de Energía, el sureste mexicano toma un papel estratégico para ampliar esa proporción. La visita de la directora de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Emilia Calleja Alor, al estado no fue solo un recorrido técnico, fue la validación de que las hidroeléctricas no son reliquias del pasado, sino engranajes vivos de un modelo energético que busca resiliencia ante la crisis climática.
Con sus cinco generadores renovados, la central Belisario Domínguez aumentará su capacidad en 100 mega watts y generará de manera anual 260 GWh adicionales, lo que equivale al consumo eléctrico de más de 100 mil hogares en un año. A su vez, el proyecto Chicoasén II, cuya operación está proyectada para inicios de 2027, aportará 240 megawatts a la red nacional, mediante el suso de turbinas tipo bulbo, tecnología que maximiza la eficiencia en caudales bajos.
Este esfuerzo forma parte de un plan nacional de expansión eléctrica que contempla 51 proyectos y que, según la CFE, permitirá añadir nueve mil 200 mega watts al sistema entre 2025 y 2030. En ese marco, la entidad no solo aporta el 35por ciento del agua superficial del país, como señaló la Comisión Nacional del Agua (Conagua), sino que ahora comienza a traducir ese potencial hídrico en energía que alimentará al centro y al sur del país sin recurrir a fuentes fósiles.
Más allá de la infraestructura, hay una apuesta simbólica,revitalizar la energía pública con manos locales. Emilia Calleja lo dijo claro, el compromiso técnico y profesional del personal de CFE es la base para sostener una empresa estatal fuerte. En una región marginada, la electricidad que fluye desde los ríos puede convertirse también en desarrollo, empleos e integración territorial. Porque en la comarca, la energía no solo mueve turbinas; también puede mover futuro.











































