La inestabilidad comercial golpea la planeación agrícola en la región
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
Aunque la prórroga de 90 días concedida por Estados Unidos a México parece una tregua diplomática, en el sur de Chiapas no ha traído calma. Para los productores del Soconusco y la Sierra, la incertidumbre es el nuevo clima de cultivo. La sombra de aranceles mayores sigue presente, y con ella, el riesgo de que el campo quede atrapado entre acuerdos políticos inestables y mercados internacionales que ya dudan en comprar o invertir.
El café, el mango, la papaya y el plátano dependen del mercado norteamericano. En 2023, el 78 por ciento de las exportaciones agrícolas de la entidad tuvieron como destino Estados Unidos, según datos del Sistema de Información Arancelaria Vía Internet (SIAVI). Sin embargo, con este escenario incierto, los ciclos de producción enfrentan una parálisis disfrazada de cautela. Las empresas compradoras no quieren comprometer contratos largos, y los inversionistas prefieren postergar su entrada.
No es solo cuestión de diplomacia, los impactos ya se sienten en las parcelas. Según cifras del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), más del 62por ciento de las unidades de producción agrícola en la comarca son de pequeña escala, lo que las vuelve más vulnerables a cambios súbitos en la política comercial. Sin certidumbre arancelaria ni apoyos consistentes de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), muchos campesinos dudan incluso en invertir en insumos básicos para este ciclo.
Además del impacto directo en la economía rural, hay efectos colaterales. Según la Encuesta Nacional Agropecuaria 2022, el 51 por ciento de los productores en el país considera que los programas públicos llegan tarde o son insuficientes. El caso del Programa Cosechando Soberanía es un ejemplo claro, a agosto de 2025, sigue sin operar en la región, lo que generó un desfase que arrastra consigo toda la cadena productiva.
En vez de alivio, la prórroga se ha vuelto una pausa tensa que no permite planear ni avanzar. Los productores chiapanecos no piden milagros, sino certidumbre. Sin ella, el riesgo no solo es perder ventas, sino frenar procesos de desarrollo económico local que tardarán años en recuperar ritmo. En una región donde el 74 por ciento de la población rural vive en pobreza, de acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval, 2022), cada día perdido tiene consecuencias profundas.











































