En Congregación Mendú, Berriozábal, un grupo de 15 mujeres se une para fortalecer su papel en la protección del medio ambiente
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En la comunidad de Congregación Mendú, ubicada en el municipio de Berriozábal, Chiapas, un grupo de 15 mujeres ha decidido tomar las riendas de su futuro y enfrentar la crisis climática. Impulsadas por la colectiva Cochulel, estas mujeres participan en un proyecto que busca fortalecer su papel en la protección del medio ambiente y la adaptación al cambio climático, a través de una serie de talleres con enfoque de género y sostenibilidad.
Durante tres meses, las participantes se involucraron en una jornada de seis talleres diseñados para proporcionar herramientas prácticas, conocimientos sobre su territorio y estrategias para enfrentar los efectos del cambio climático. Los talleres no solo promovieron la conciencia ambiental, sino que también fomentaron la organización comunitaria y la autonomía económica de las mujeres productoras de plantas ornamentales y nativas.
La comunidad de Mendú enfrenta desafíos significativos, aunque la producción de plantas es abundante, su comercialización es limitada. Las ventas suelen concentrarse los domingos, lo que provoca que muchas plantas se pierdan por falta de compradores. Por ello, el proyecto busca generar una red de mercado que impulse las ventas, revalore el trabajo de estas mujeres y fomente el comercio justo de especies nativas, como la vanilla planifolia, en colaboración con proyectos como Vainilla La Luna.
Un eje central del proyecto es la perspectiva de género. Las mujeres participantes han reconocido su papel como agentes de cambio en la protección del territorio. A lo largo de los talleres, compartieron saberes ancestrales y estrategias de adaptación ante la crisis climática. La sequía prolongada, la escasez de agua, los cambios de temperatura y las lluvias intensas afectan directamente la producción de plantas, poniendo en riesgo su principal fuente de ingreso.
María de Lourdes Vázquez Gómez, una de las participantes del proyecto, comparte su experiencia sobre la transformación en su forma de trabajar: “Empezamos a ver que, si una plantita se nos seca, en vez de quemar la basura, la maceta o las bolsitas, lo volvemos a reutilizar y lo llenamos nuevamente de abono, que ahí mismo lo preparamos. Así es cómo comenzamos a cuidar el medio ambiente”. Este enfoque no solo refleja un compromiso con la sostenibilidad, sino que también muestra una profunda conexión con su entorno y la tradición.
El impacto de este proyecto va más allá de la producción de plantas. Al empoderar a estas mujeres y proporcionarles las herramientas necesarias para enfrentar la crisis climática, se está construyendo una comunidad más resiliente y autosuficiente. La intención a largo plazo es continuar con más ediciones de estos talleres y ampliar la red de mujeres productoras, para que sus conocimientos, productos y propuestas puedan trascender las fronteras de su comunidad.
La iniciativa de Cochulel no solo busca mitigar los efectos del cambio climático, sino también reconfigurar las dinámicas de poder y género en la comunidad. En un mundo donde la crisis ambiental es cada vez más urgente, el papel de las mujeres en la solución es fundamental. Este grupo de mujeres de Congregación Mendú se erige como un ejemplo de cómo el empoderamiento y la educación pueden transformar realidades, demostrando que la lucha por un medio ambiente más saludable es también una lucha por la equidad y la justicia social.
A través de su esfuerzo y dedicación, estas mujeres no solo están sembrando plantas, sino también sembrando esperanza para un futuro más sostenible y equitativo en Chiapas.











































