Autoridades llaman a cuidar la ingesta de sal y fomentar la alimentación consciente
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
El anuncio de eliminar la venta de productos azucarados en oficinas gubernamentales marcó un punto de inflexión en la política de salud pública en Chiapas. La medida busca enviar un mensaje claro, los hábitos alimenticios se construyen también en los espacios laborales y en las instituciones que deben predicar con el ejemplo. No se trata solo de restringir un consumo, sino de transformar la cultura del cuidado personal desde los entornos inmediatos.
La decisión fue respaldada por un contexto alarmante. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut 2022), en Chiapas el 15.4 por ciento de la población adulta vive con diabetes y un 29 por ciento con hipertensión. Además, la Secretaría de Salud federal indicó que el consumo excesivo de azúcares es responsable de más del 20 por ciento de los casos de obesidad en México, una condición que afecta a tres de cada 10 adultos en la entidad. Estos datos reforzaron la urgencia de adoptar medidas preventivas.
La iniciativa Chiapas se Mueve, presentada en el marco de las acciones encabezadas por el gobernador Eduardo Ramírez, no se limitó a la activación física. Su objetivo es promover un cambio estructural en la forma en que la sociedad concibe la prevención. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el 40 por ciento de los chiapanecos no realiza actividad física regular, lo que aumentó la vulnerabilidad frente a enfermedades crónico-degenerativas.
La prohibición del azúcar en oficinas de Gobierno no debe leerse como un gesto aislado, sino como el inicio de una ruta hacia políticas más integrales. Experiencias internacionales muestran que regulaciones similares han logrado disminuir en un 12 por ciento el consumo de refrescos en espacios institucionales y generar mayor conciencia sobre los riesgos del azúcar. En la entidad, donde la mortalidad por diabetes ocupa el segundo lugar en causas de muerte, el impacto de estas acciones puede ser determinante.
La apuesta es ambiciosa, trasladar la prevención a la vida diaria de los chiapanecos. Desde los escritorios de las oficinas públicas hasta los hogares, el llamado es a elegir de manera consciente lo que se consume y a reducir los excesos de azúcar y sal. Si la estrategia logra permear más allá de las instituciones, la comarca podría sentar un precedente nacional sobre cómo enfrentar, con acciones sencillas pero firmes, la crisis de las enfermedades crónicas.











































