La violencia dejó parálisis económica y social en el municipio. Ahora se priorizará infraestructura, salud y educación para todos
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La comunidad indígena de Pantelhó inició un nuevo capítulo en su historia tras el anuncio de la desmovilización voluntaria de los grupos de autodefensas que, durante tres años, marcaron con violencia la vida cotidiana de la región. La decisión, acompañada de una ceremonia, fue asumida como un pacto colectivo para cerrar el ciclo de enfrentamientos y reconstruir la confianza social en torno a un Gobierno constitucional electo por voto ciudadano.
El alcalde electo, Julio Pérez Pérez, recibió el respaldo de líderes comunitarios y religiosos, quienes ungieron de manera simbólica su mandato como señal de reconciliación. En un municipio donde, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), más del 92 por ciento de la población es indígena y casi el 70 por ciento vive en condiciones de pobreza, la pacificación no es solo un acto político, sino una necesidad para retomar servicios básicos interrumpidos durante la crisis.
El levantamiento armado de 2021 dejó consecuencias profundas, de acuerdo con la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, al menos tres mil personas fueron desplazadas en Los Altos de Chiapas durante ese periodo, de las cuales cientos permanecen sin retornar a sus hogares. Además, la Secretaría de Salud reportó que en municipios con conflictos comunitarios como Pantelhó, el 48 por ciento de las clínicas rurales dejaron de operar de forma regular, lo que agudizó la vulnerabilidad de la población.
El acto de desarme también reflejó la presión de un entorno más amplio, en Chiapas, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP)R contabilizó 752 homicidios dolosos entre 2021 y 2023, de los cuales una fracción estuvo vinculada a disputas armadas comunitarias. Frente a este panorama, el gesto de Pantelhó es interpretado como un ejemplo de que la vía de la paz puede ser viable incluso en regiones fracturadas por intereses políticos y criminales.
Pérez Pérez advirtió que el reto no será menor, reconstruir la infraestructura dañada, garantizar la seguridad y generar proyectos de desarrollo que devuelvan confianza a las familias. “Aquí ya no germinan balas, aquí germina la paz”, dijo ante pobladores que, con cautela, celebraron el inicio de una etapa en la que el regreso de los desplazados y la recuperación económica marcan la esperanza de un futuro distinto para Pantelhó.
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La decisión fue asumida como un pacto colectivo para cerrar el ciclo de enfrentamientos y reconstruir la confianza en un Gobierno constitucional











































