Mientras familias claman objetividad, la Fiscalía de Chiapas decora con un altar fastuoso que exhibe sus preferencias: apariencia antes que verdad
HERMES GARCÍA/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En pleno contexto de movilizaciones de familiares de víctimas que exigen avances reales en justicia, resulta paradójico y para muchos, indignante que la Fiscalía General del Estado de Chiapas haya destinado más de cuatro millones de pesos a la decoración de su sede con motivo de la celebración del Día de Muertos.
La inversión da cuenta de un gasto que trasciende lo simbólico: se convierte en emblema de desconexión institucional y de una falta de sintonía con el dolor social.
Las imágenes de flores de cempasúchil, catrinas de gran formato y una calavera “semienterrada” en bolsas ubicada en los jardines exteriores de la Fiscalía han circulado profusamente en redes sociales, generando rápidorechazo. ¿Cómo entender que, mientras se demanda atención urgente a desapariciones, feminicidios y omisiones prolongadas, se canalice una cifra multimillonaria a adornar la entrada de la institución encargada de la procuración de justicia?, para los colectivos de víctimas y sus redes de apoyo, el acto decorativo se vuelve metáfora de una prioridad invertida.
Los cuestionamientos no se han hecho esperar: “¿Cuántos expedientes paralizados podrían haberse atendido con esos cuatro millones?”, “¿Cuántas visitas a familiares de desaparecidos podrían haberse costeado con ese monto?”, “¿No es esta una inversión que distrae del deber central de investigar, perseguir e impedir la impunidad?” Las respuestas no han sido contundentes. La Fiscalía, por su parte, emitió un comunicado en el que afirma avances en acuerdos con colectivos y agradece el apoyo de la comunidad para conmemorar la tradición del Día de Muertos, pese a que el clamor social es el opuesto.
Lo que está en juego no solo es la percepción pública. Para amplios sectores de la sociedad chiapaneca, el gasto hace visible lo que ya se venía denunciando: la burocracia institucional y la aparente prioridad por la imagen antes que por los resultados. Las madres que han mantenido durante casi un mes el plantón frente a la Fiscalía lo manifiestan con claridad: cadenas en el portón, fichas de búsqueda pegadas a las rejas, rostros que ya no piden más altar sino soluciones.
Desde el punto de vista simbólico, el gasto adquiere varias lecturas:
-Es un reclamo visual de fondo: la institución que representa la justicia se presenta más como escenario festivo que como epicentro de acción eficaz.
-Es una afrenta para quienes han sufrido violencia y aún esperan que la justicia les dé respuesta; ver que se gastan millones en decoración puede asolar toda esperanza en el cambio.
-Es un aviso para la opinión pública: la gestión invierte recursos en comunicación simbólica cuando el verdadero capital se mide en diligencias, detenciones y sentencias.
La pregunta es obvia: ¿qué mensaje se envía cuando mientras se espera que la autoridad actúe con rigor, estaconcentra recursos en un adorno costoso? ¿Cómo reconstruir la credibilidad cuando la imagen decorativa deviene en símbolo de impunidad? Y aún más: ¿qué tan desconectada está la institución de las realidades de quienes la necesitan?
La sociedad chiapaneca está en condiciones de exigir transparencia: origen del contrato, proveedor, partidas presupuestales, criterios de adjudicación y, sobre todo, el beneficio concreto que esa decoración generó en materia de justicia. Porque la conmemoración cultural no puede convertirse en pretexto para invisibilizar la urgencia del derecho a la verdad, a la reparación y al castigo.
A la par del fastuoso montaje en los exteriores, los colectivos mantienen su exigencia: “Que se investigue, que se sancione, que se encuentre a los desaparecidos”. Las estructuras institucionales deben entender que un buen altar no sustituye un buen expediente. La oposición social ya lo advierte: ver flores, catrinas y calaveras puede ser materia de festividad, pero cuando se ven cadenas y fichas de búsqueda en la misma puerta… la celebración queda vacía.
La Fiscalía tiene ahora una ventana crítica: decidir si responderá con transparencia y acciones concretas, o si continuará siendo percibida como una institución que decora apariencias mientras prolonga silencios. En Chiapas, la justicia exige más que flores: exige resultados.











































