Aves migratorias abandonan el refugio natural ante la pérdida acelerada del ecosistema que sostenía su ciclo vital
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La llamada Isla de los Pájaros, en la pesquería San Luqueño La Costa, se encuentra al borde de la desaparición. Lo que alguna vez fue un santuario natural donde anidaban cientos de aves, hoy enfrenta el deterioro de sus manglares, víctimas del corte indiscriminado y del impacto climático. La erosión avanza sin freno y, con ella, se extingue un hábitat vital para la biodiversidad costera del municipio de Tonalá.
En Chiapas, la pérdida de manglares se ha acelerado un 18por ciento en la última década, según la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. Esta disminución amenaza a más de 250 especies de aves que encuentran refugio en los humedales costeros. En la Isla de los Pájaros, las cotorras, garzas, zopes y gorriones han comenzado a emigrar ante la falta de árboles que les sirvan de resguardo.
El agente municipal de San Luqueño La Costa, Rubiel Sánchez, advirtió que los pescadores también han contribuido al daño, al talar manglares para facilitar el acceso de sus embarcaciones. A esta práctica se suma el debilitamiento provocado por los vientos fuertes y el aumento del nivel del mar, fenómenos que, según la Comisión Nacional del Agua, han afectado 43 kilómetros de costa chiapaneca.
El retroceso del ecosistema no solo representó una pérdida ambiental, sino también económica. De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, el 60por ciento de las familias en la zona costera dependen directa o indirectamente de los servicios ambientales de los manglares, como la pesca y la protección contra inundaciones. Su degradación deja expuestas a las comunidades ante tormentas y merma sus fuentes de sustento.
Con apenas un 46 por ciento de los manglares del estado considerados en buen estado ecológico, según datos de la Red Mexicana de Monitoreo de Manglares, la Isla de los Pájaros se sumó a una lista de ecosistemas al borde del colapso. Su desaparición no solo borrará un paisaje natural emblemático, sino también una parte del equilibrio ecológico y cultural de la región costera.











































