Pobladores aseguran escuchar disparos durante las noches y temen que la falta de patrullajes derive en asaltos o desapariciones
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En las montañas de Tuzantán, el miedo comenzó a escucharse antes que los disparos. En las últimas semanas, habitantes de la zona alta han denunciado la presencia de hombres armados en los caminos rurales, una situación que ha alterado la tranquilidad de comunidades dedicadas al campo. La falta de vigilancia nocturna y el deterioro de las vías han dejado a cientos de familias expuestas al peligro y a la incertidumbre.
Los pobladores de Santa Sofía, Manacal, Nueva Sonora, El Mango, Buena Vista y Santa Fe aseguraron que los disparos se escuchan casi a diario, sin que autoridad alguna llegue a verificar lo ocurrido. Los habitantes afirmaron que la policía municipal rara vez patrulla la zona, en especial por el mal estado de los caminos, una situación que, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, afecta al 47 por ciento de las localidades rurales del estado por falta de mantenimiento.
La inseguridad en las zonas rurales no es nueva, datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública señalaron que el 62 por ciento de los municipios del estado reportaron delitos relacionados con portación ilegal de armas o amenazas. En Tuzantán, donde más de 16 mil personas viven en comunidades dispersas, el aislamiento ha sido aprovechado por presuntos grupos armados que circulan sin restricción, según relataron los propios pobladores.
Los habitantes advirtieron que el temor se ha extendido entre los jóvenes, quienes deben recorrer varios kilómetros a pie para asistir a clases o trabajar en la cabecera municipal. En la región, el Consejo Nacional de Población estimó que tres de cada 10 personas migran de manera temporal por inseguridad o falta de empleo, un fenómeno que debilita el tejido comunitario y deja a las comunidades más expuestas ante posibles incursiones delictivas.
Ante este escenario, los pobladores demandaron la intervención de las autoridades municipales y estatales, no solo con rondines, sino con una estrategia integral que atienda la seguridad, el mantenimiento de los caminos y la confianza perdida. La ausencia del Estado no se mide solo en kilómetros de terracería, sino en la distancia creciente entre la gente y quienes deberían protegerla.











































