Promotores culturales advirtieron que la falta de bibliotecas y librerías profundiza la desigualdad educativa
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En Chiapas, el libro sigue siendo un lujo para pocos. Mientras el promedio nacional de lectura se sitúa en 3.4 libros por persona al año, los chiapanecos apenas alcanzan entre 0.8 y 2 ejemplares, según el Módulo sobre Lectura (MOLEC) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Esta cifra colocó al estado entre los de menor hábito lector del país, una condición que trasciende los gustos personales y reflejó profundas desigualdades en el acceso a la cultura y la educación. Leer, en la entidad, no solo cuesta tiempo, también cuesta oportunidades.
La escasez de bibliotecas públicas y librerías explicó parte del problema. De acuerdo con datos del Inegi, el 58 por ciento de los municipios chiapanecos carece de al menos una biblioteca funcional, y solo existen 17 librerías registradas en toda la entidad, frente a las más de 200 de la Ciudad de México. En comunidades rurales, donde las distancias son mayores y el poder adquisitivo menor, la lectura compite con necesidades básicas como la alimentación o el transporte.
Aun así, la cifra de 1.8 libros leídos al año que reporta la Asociación de Librerías de la comarca mostró una leve recuperación impulsada por iniciativas locales, ferias comunitarias, bibliotecas móviles y proyectos escolares han mantenido viva la idea de que leer puede ser una herramienta de libertad. Sin embargo, los esfuerzos aislados no bastan. Desde que se derogó la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro en el estado, no se ha planteado una estrategia de largo plazo para fortalecer políticas culturales.
El panorama se agrava al observar el contexto educativo, en el territorio, el 19.3 por ciento de la población adulta sigue sin saber leer ni escribir, la tasa más alta del país según el Inegi 2023. En un escenario donde uno de cada cinco chiapanecos no puede leer, fomentar el hábito lector requiere más que campañas esporádicas, exige voluntad política y una estructura educativa sólida.
En el Día Internacional del Libro, el llamado en la región no fue simbólico, sino urgente. Promotores culturales insistieron en reconstruir una agenda común que involucre al Congreso, a las instituciones educativas y a la sociedad civil para recuperar la política pública del libro. Porque leer no solo mejora la comprensión o la imaginación, también puede ser una forma de resistencia. En Chiapas, fomentar la lectura es una necesidad social impostergable.











































