Los especialistas advirtieron que la quema para cambio de uso de suelo es hoy el principal detonante de los incidentes
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
El crecimiento de los incendios forestales en Chiapas dejó de ser un fenómeno estacional para convertirse en una crisis estructural. Las 498 mil hectáreas afectadas entre 2010 y 2024 representaron una pérdida que equivale al 6.8 por ciento del territorio estatal y revelaron una tendencia ascendente que, según especialistas, ya no puede explicarse solo por sequías o variaciones climáticas.
La Sierra Madre volvió a concentrar la mayor recurrencia de siniestros, en especial en municipios donde el campo sigue dependiendo de técnicas tradicionales como la roza, tumba y quema. En Villaflores y Villa Corzo, dos de las zonas más estudiadas, se identificaron incrementos sostenidos en los últimos 14 años que coincidieron con el avance de la frontera agropecuaria. Datos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) señalaron que el 36 por ciento de los incendios registrados en 2023 en México también fueron causados por actividades humanas vinculadas al sector rural.
El periodo más crítico se ubicó entre 2021 y 2024, cuando la superficie dañada promedió más de 31 mil hectáreas por año, casi el doble de lo observado en ciclos anteriores. La combinación de quemas agrícolas, cambio ilegal de uso de suelo y temporadas de estiaje más prolongadas configuró un escenario que amenaza ecosistemas de alto valor ambiental. A escala nacional, el Servicio Meteorológico Nacional reportó que 2023 cerró con la tercera sequía más extendida en dos décadas, un factor que agravó la propagación del fuego en territorios vulnerables.
Aunque la responsabilidad humana es predominante, la falta de regulación municipal y la escasa vigilancia han permitido que estas prácticas continúen sin consecuencias. En la comarca, solo 18 de los 124 municipios cuentan con brigadas comunitarias formalizadas, según datos del Centro Estatal de Control de Incendios; un contraste notable frente a entidades como Jalisco o Michoacán, que duplican ese nivel de organización.
El estudio también advirtió sobre el costo futuro de mantener este patrón. La degradación acumulada en bosques de coníferas y selvas húmedas impacta en captación de agua, suelo y biodiversidad. La Universidad Nacional Autónoma de México estimó que la pérdida de cobertura vegetal reduce hasta en 30 por ciento la capacidad de recarga hídrica en regiones montañosas. Frente a este deterioro, los especialistas plantean la urgencia de un manejo del fuego basado en monitoreo climático, capacitación comunitaria y fortalecimiento técnico.











































