La ausencia de intervención municipal profundizó la brecha entre residentes y nuevos habitantes de alto poder adquisitivo
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La transformación del mercado inmobiliario en San Cristóbal de Las Casas dejó de ser una tendencia aislada para convertirse en un fenómeno que marca la vida diaria de sus habitantes. Las rentas, que hace una década rondaban los dos mil pesos, ahora alcanzan cifras impensables de entre 10 y 50 mil pesos mensuales, un salto que reflejó el efecto directo de la gentrificación. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, este municipio recibió en 2024 más de 600 mil visitantes, un flujo que aceleró la llegada de extranjeros con mayor poder adquisitivo.
El desplazamiento ya no es una percepción, sino una dinámica que define quién puede permanecer en el Pueblo Mágico. Según el Registro Único de Vivienda, el costo del metro cuadrado en zonas turísticas del país se ha incrementado 145 por ciento en los últimos siete años, una cifra que coincide con el salto de tres mil 500 a 10 mil pesos por metro de construcción en San Cristóbal. Mientras tanto, las familias locales se ven obligadas a mudarse a la periferia, desde donde regresan a trabajar para sostener la vida cotidiana de los nuevos residentes.
Plataformas como Airbnb detonaron una segunda capa del problema, la conversión de casas en hospedajes de corta estancia redujo la oferta habitacional. A nivel nacional, el Instituto Belisario Domínguez reportó que, en ciudades turísticas, el 32 por ciento de los departamentos ofertados ya se destinan a este tipo de renta. En San Cristóbal, esta tendencia implicó que cientos de viviendas cambiaran de uso sin regulación efectiva, al empujar a los habitantes hacia ciudades satélites donde solo pernoctan.
El encarecimiento no solo afecta a quienes buscan casa, sino a toda la estructura económica local. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, estimó que siete de cada 10 trabajadores del sector turístico en el estado reciben ingresos inferiores a la línea de bienestar, lo que profundiza el contraste entre los nuevos pobladores y quienes sostienen los servicios que hacen atractiva a la ciudad.
Aunque la gentrificación es un fenómeno presente en Oaxaca, Ciudad de México y otras zonas turísticas, su impacto en la comarca es notable por su concentración, solo San Cristóbal experimenta este nivel de presión inmobiliaria. La ausencia de preferencias para arrendatarios locales, sumada a rentas que ya alcanzan los 100 mil pesos en espacios comerciales, confirmó que la identidad urbana se redefine al ritmo del mercado, no de sus habitantes.











































