Atribuyen el desplome a la competencia desleal, inflación, incremento de insumos y preferencia por productos importados
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
Los fabricantes y vendedores de calzado en Chiapas atraviesan uno de los momentos más complejos de la última década. En Tuxtla Gutiérrez, los comercios establecidos en zonas como el centro de la ciudad, los mercados públicos y las plazas comerciales coinciden, las ventas no solo no repuntan, sino que cada año muestran una caída más marcada.
Los industriales locales señalan que la entrada masiva de calzado importado, principalmente de Asia, ha provocado una competencia prácticamente imposible de sostener. Los precios bajos, derivados de procesos de producción en masa y costos reducidos en sus países de origen, dejan en desventaja a los fabricantes chiapanecos, quienes enfrentan aumentos en el precio de materias primas como cuero, suelas y adhesivos.
“Antes podíamos competir, ahora no. El material subió, la mano de obra también, pero los clientes buscan lo más barato. La gente compara precios en Internet y prefiere comprar en línea”, lamentó un productor del mercado Juan Sabines, quien desde hace más de 20 años se dedica al calzado artesanal.
En los talleres de Tuxtla, algunos han reducido su plantilla hasta en un 40 por ciento, mientras que otros optaron por producir solo bajo pedido para evitar pérdidas por inventarios que no se mueven. La inseguridad también ha tenido un impacto, puesto que los comerciantes refieren que la reducción en la afluencia a las zonas comerciales mermó las ventas presenciales.
Además, la inflación acumulada de los últimos años golpeó de manera directa al bolsillo de los consumidores. Las familias priorizan gastos básicos y postergan la compra de calzado, lo que se refleja en temporadas donde antes se registraban picos de ventas, como regreso a clases o fin de año. Ahora esos repuntes son mínimos o inexistentes.
Por su parte, la Cámara Nacional de la Industria del Calzado en el estado reporta que los ingresos del sector han caído entre 20 y 35 por ciento en los últimos tres años, una tendencia que no ha logrado revertirse pese a esfuerzos como ferias comerciales, alianzas con pequeñas boutiques y campañas de consumo local.
Los vendedores establecidos en el centro capitalino afirman que, incluso aplicando descuentos o promociones, las ventas permanecen bajas. “Hay días que no vendemos ni un par. Antes, en diciembre, se vendía bastante; ahora pasa como cualquier otro mes”, expresó una comerciante con más de 15 años en el giro.
A ello se suma el fenómeno de la informalidad. Muchos industriales señalan que la proliferación de puestos no regulados, tanto en calles como en redes sociales, ofrece calzado a precios muy por debajo del mercado formal, lo que crea un círculo de competencia desigual y afecta la supervivencia de los negocios establecidos.
El futuro del sector, coinciden los productores, depende de fortalecer programas de apoyo para pequeños talleres, incentivar el consumo local, modernizar procesos de diseño y manufactura, y generar estrategias que permitan a los industriales posicionar productos de mayor calidad frente al calzado importado.
Los fabricantes y vendedores miran con preocupación cómo un oficio tradicional, arraigado desde hace generaciones en el estado, lucha por mantenerse vivo en medio de un mercado cada vez más adverso.











































