A casi dos años de la ausencia de Pablo Alejandro Jiménez López y Jorge Alberto Marroquín López, denunciaron falta de resultados
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
A casi dos años de la desaparición de Pablo Alejandro Jiménez López y Jorge Alberto Marroquín López, las familias de ambos jóvenes continúan viviendo entre la angustia y la frustración ante la ausencia de avances oficiales en las investigaciones y la falta de respuestas claras por parte de las autoridades. La tarde del 14 de marzo de 2024 marcó el inicio de una tragedia que, hasta hoy, mantiene a dos hogares en un estado permanente de incertidumbre.
De acuerdo con Asunción López Aguilar, madre de Pablo Alejandro, los hechos ocurrieron alrededor de las nueve de la noche en el barrio San José de Berriozábal. Ese día, su hijo acudió junto con su cuñado Jorge Alberto a recoger a una familiar. Ambos regresaban a bordo de un taxi cuando, según versiones recabadas por las familias, fueron obligados a descender del vehículo y posteriormente privados de la libertad. Desde entonces, no se ha vuelto a saber nada de ellos.
“No hay una llamada, una pista, nada”, expresó la madre, quien aseguró que el miedo inicial no impidió que ambas familias comenzaran su propia búsqueda, repartiendo fichas, preguntando en colonias cercanas y difundiendo la información en redes sociales, sin que esto generara resultados.
Pablo Alejandro, de 26 años, trabajaba como repartidor y vendedor en la empresa Barcel. Su madre lo recuerda como un joven responsable y siempre enfocado en su trabajo. “Somos gente trabajadora, mis hijos no se metían con nadie”, afirmó. El impacto emocional que ha dejado su ausencia se refleja de manera profunda en su hijo, un menor que constantemente pregunta por él, llora al recordar sus sueños y cuya petición de Navidad fue: “quiero que mi papá regrese”.
Por su parte, Araminta López Vázquez, madre de Jorge Alberto Marroquín López, señaló que su hijo desapareció en las mismas circunstancias aquel 14 de marzo. Jorge Alberto era estudiante de ingeniería eléctrica y estaba a solo dos meses de concluir su carrera. Lo describe como un joven tranquilo, responsable y dedicado a sus estudios. “Nuestra vida cambió en un segundo”, expresó, visiblemente afectada.
A pesar de que ambas familias han acudido de manera reiterada a la fiscalía, han firmado documentos y han participado en brigadas de búsqueda, aseguran que la investigación permanece estancada. Las madres señalan que han recibido excusas, cambios de personal y promesas incumplidas, pero no información sustancial que permita acercarse al paradero de sus hijos. Lamentan que el miedo y la inseguridad hayan llevado a muchas familias a callar durante semanas o meses, retrasando la reacción inmediata que muchas veces puede ser decisiva.
Durante una reciente manifestación en el parque central de Berriozábal, familiares de personas desaparecidas colocaron lonas y fichas de búsqueda, como un acto de resistencia y visibilización ante la indiferencia institucional. En ese espacio, las madres de Pablo Alejandro y Jorge Alberto hicieron un llamado directo a las autoridades municipales, estatales y federales para que no abandonen los casos y aceleren los trabajos de búsqueda.
Las familias insistieron en que no buscan confrontaciones ni culpables, sino respuestas y un compromiso real de las autoridades.











































