Denunciaron que el miedo silencia a cientos de familias en la entidad
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
Bajo la consigna de que “la búsqueda en vida es un derecho y una obligación”, integrantes de la colectiva Madres Buscadoras de Chiapas iniciaron este lunes una jornada de pega de fichas en la zona poniente de la capital chiapaneca. La actividad, cargada de simbolismo y dolor, busca romper el cerco de olvido que rodea los casos de desaparición forzada en una entidad que, pese a los discursos oficiales de paz, enfrenta un inicio de año crítico en materia de seguridad.
La brigada se concentró en puntos estratégicos de la delegación de Plan de Ayala, extendiéndose hacia el municipio de San Fernando y la zona de El Campanario. Con cinta adhesiva y cientos de volantes con los rostros de sus hijos, las madres tapizaron postes, paradas del transporte público y muros, convirtiendo el espacio público en que el Estado mantiene con las familias de las víctimas, una deuda histórica.
La jornada de este lunes tuvo como prioridad los casos de José Martín Hernández Moreno y Luis Ángel González Altamirano. Ambos jóvenes desaparecieron con apenas tres días de diferencia en noviembre pasado, en lo que parece ser un patrón de violencia que no cesa en la periferia de Tuxtla Gutiérrez.
“Hoy iniciamos esta brigada por José Martín y Luis Ángel; ellos desaparecieron en Plan de Ayala y en San Fernando. Es una búsqueda en vida que hacemos los familiares con el acompañamiento de la colectiva”, explicó Isabel Torres, vocera de la organización.
Para las madres, cada ficha pegada es un mensaje directo a la ciudadanía y un grito de auxilio. Una de las madres presentes relató con la voz entrecortada cómo la vida se detuvo para ella el pasado 25 de noviembre, cuando su hijo salió a realizar un mandado cotidiano. “Él salió a comprar un medicamento y ya no regresó. Han pasado cinco meses y lo que necesitamos es encontrarlos con vida, porque es lo que queremos nosotros”, sentenció.
La labor de estas mujeres no es solo un acto de amor, sino una respuesta a la preocupante estadística que envuelve a la entidad. Según datos recopilados por organismos civiles y el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), el primer trimestre de 2026 ha sido uno de los más complejos para la entidad.
En lo que va del año, se han reportado oficialmente 61 personas desaparecidas en territorio chiapaneco. Sin embargo, la colectiva advierte que la cifra real podría ser drásticamente superior. La ciudad de Tuxtla Gutiérrez encabeza la incidencia con 23 casos reportados entre enero y marzo, seguida de la región fronteriza y municipios de la zona metropolitana como Berriozábal y Chiapa de Corzo.
Isabel Torres fue enfática al cuestionar la narrativa gubernamental: “Desgraciadamente los casos van en aumento. Aunque digan que en el estado hay paz, que es una región segura, las familias que estamos sufriendo una ausencia sabemos que no es así. Hay muchas familias que callan por miedo y no hacen la denuncia, lo que alimenta una cifra negra que las autoridades prefieren ignorar”.
El hallazgo en la reserva federal
La crudeza de la realidad se hizo presente apenas el pasado 1 de abril, cuando una llamada anónima movilizó a la colectiva hacia una zona de reserva federal situada entre los límites de Berriozábal y Tuxtla. En el lugar, se localizaron restos óseos que ya se encuentran bajo el resguardo de la Fiscalía General del Estado (FGE).
A pesar del hallazgo, el proceso de identificación avanza con lentitud. “Esa persona tuvo una vida, tuvo una familia y hay que darle paz. Estamos esperando que la fiscalía dé información de quién era, porque cada resto localizado representa el cierre de un ciclo de angustia para alguien”, señaló Torres.











































