May Rosas
La Sierra y el aroma de la Nueva Era
Hay placeres que definen la identidad de un pueblo, pero en Chiapas, el café es mucho más que un ritual matutino para despertar las neuronas. Es la columna vertebral de miles de familias, el sudor transformado en grano y, ahora, el eje de una estrategia política que busca devolverle el brillo a la Sierra Mariscal. En su reciente visita a Siltepec, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar dejó claro que su administración no pretende observar la crisis del campo desde la comodidad de un escritorio en Tuxtla Gutiérrez. Al contrario, parece que el mandatario ha decidido ponerse las botas para ensuciarse de tierra fértil, entregando apoyos que superan los 103.7 millones de pesos bajo el sello de Café con Humanismo.
Caminar por la Sierra requiere pulmones fuertes y una voluntad de hierro, cualidades que los productores locales poseen de sobra. Sin embargo, la voluntad no compra fertilizantes ni renueva cafetales viejos. Por eso, la inversión directa para más de 25 mil 800 productores representa un respiro necesario en una región que ha visto pasar décadas de promesas incumplidas. La cifra es contundente, aunque lo verdaderamente analítico aquí es observar cómo se distribuye ese recurso. No estamos frente a una simple repartición de efectivo para salir del paso, según lo expuesto por Jorge Baldemar Utrilla Robles, titular del Instituto del Café, se planea la entrega de seis millones de plantas. Si alguien cree que sembrar esa cantidad es tarea sencilla, probablemente nunca ha intentado mantener viva una maceta de sombra en su sala.
El café chiapaneco representa el 41 por ciento de la producción nacional, lo cual nos convierte en el gigante del sector en México. Hablamos de una actividad que genera una derrama económica anual que oscila entre los cuatro mil y cinco mil millones de pesos, dependiendo de los caprichos del mercado internacional de Nueva York. Más allá de los billetes, el impacto social es masivo, pues el café sostiene alrededor de un millón de empleos indirectos y directos en el estado. En Chiapas, cuando el precio del café cae, la economía entera estornuda. Por ello, que el gobernador anuncie un seguro contra incendios, inundaciones y siniestros para las plantaciones es una jugada de ajedrez financiero que debería haberse implementado hace años. Es dotar al productor de una red de seguridad ante la furia de la naturaleza, que en estas latitudes no suele pedir permiso.
Tradicionalmente, pedir un crédito siendo campesino en la Sierra era más difícil que encontrar un político que no use filtros en sus fotos de campaña. Las tasas de interés suelen ser los verdugos del pequeño productor. La propuesta de la Nueva ERA sobre tasas preferenciales busca romper ese círculo vicioso de deuda. Si el cafeticultor puede acceder a capital barato para tecnificar su proceso, el café deja de ser una economía de subsistencia para convertirse en un negocio rentable. La visión de establecer viveros específicos en los 87 municipios vinculados a la actividad refuerza esta idea de profesionalización. No se trata de plantar por plantar, se busca calidad que compita en los mercados de especialidad europeos y asiáticos, donde el consumidor paga fortunas por una taza con trazabilidad.
Eduardo Ramírez entiende que el café no viaja solo. Los granos no tienen alas, necesitan carreteras. La supervisión de la rehabilitación del camino El Porvenir-Siltepec y la inversión de 35 millones de pesos en infraestructura vial es el complemento indispensable. De nada sirve tener el mejor grano del mundo si el transporte se queda atascado en un bache monumental que parece cráter lunar. La conectividad física es la que permite que la prosperidad compartida, ese concepto que tanto recalca el mandatario, deje de ser una frase bonita en un discurso y se convierta en camiones cargados llegando a tiempo a los centros de acopio.
LA PAZ COMO FERTILIZANTE
El discurso del gobernador tuvo un matiz interesante al vincular la paz con la prosperidad. Es un análisis valiente. Reconoce implícitamente que la inseguridad ha sido el gran inhibidor del desarrollo en las zonas fronterizas y serranas. Restablecer el orden mediante la aplicación de la ley es, quizás, el insumo más valioso que el Gobierno puede entregar. Sin seguridad, el productor no cosecha café, cosecha miedo. Al asegurar que la paz es el propósito social para avanzar en el crecimiento agrícola, Ramírez Aguilar está trazando una línea divisoria entre el pasado de abandono y un presente de intervención estatal activa.
El respaldo mencionado hacia la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo sugiere una alineación de planetas política que Chiapas debe aprovechar. Si el Gobierno Federal pone los programas de Bienestar y el Estado pone la infraestructura y el acompañamiento técnico, el resultado debería ser un repunte significativo en los indicadores de desarrollo humano de la región. El optimismo es palpable, pero la vigilancia ciudadana debe ser constante para que esos seis millones de plantas lleguen a las manos correctas y no se queden marchitas en alguna bodega por negligencia burocrática.
El café chiapaneco tiene ese sabor amargo que tanto nos gusta, pero su gestión política debe ser dulce y eficiente. La apuesta por el humanismo en el campo es una narrativa que busca dignificar al hombre y a la mujer de la Sierra, quienes a pesar de las inclemencias, siguen creyendo que el futuro de Chiapas huele a grano recién tostado. La Nueva ERA tiene en sus manos la oportunidad de transformar el motor económico del estado, siempre y cuando la ejecución sea tan fuerte y clara como un espresso doble a las seis de la mañana. Siltepec hoy tiene motivos para sonreír, pero la verdadera evaluación vendrá con la próxima cosecha, cuando los bolsillos de los productores reflejen el éxito de estas políticas públicas. Mientras tanto, el aroma a cambio empieza a percibirse entre las nubes de la Sierra Mariscal.
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