Manuel Velázquez
La ignorancia tiene consecuencias de largo alcance. Con frecuencia observamos cómo actores políticos contribuyen al deterioro de nuestro patrimonio cultural, un bien colectivo cuya preservación exige la colaboración articulada entre sociedad civil, iniciativa privada y las distintas instancias de Gobierno.
La cultura constituye un componente esencial de la identidad colectiva. Su estudio permite analizar el pasado y, simultáneamente, proyectar perspectivas hacia el futuro. Por ello, la conservación del patrimonio cultural no es un acto accesorio, sino una responsabilidad pública.
Melchor Peredo fue uno de los muralistas más prolíficos de la ciudad de Xalapa, considerado heredero directo de la tradición iniciada por José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Su legado es fundamental para la identidad histórica del estado. Destacan los murales “Una revolución continua” y “Las Leyes de Reforma” en el Palacio de Gobierno, así como intervenciones en el Palacio Municipal y en diversos recintos de la Universidad Veracruzana.
Resulta preocupante que, pese a la relevancia de su obra, el Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Cultura y la Secretaría de Gobierno, no haya establecido condiciones óptimas para la salvaguarda de sus murales, en particular los ubicados en el Palacio de Gobierno. Derivado de los trabajos de rehabilitación del inmueble, dichas piezas han quedado expuestas a riesgos materiales: junto a ellas se depositan insumos de construcción, herramientas y otros elementos que ya han generado daños visibles. A esto se suma la acumulación de polvo sobre la superficie pictórica, factor que acelera los procesos de deterioro y compromete la integridad de las obras a mediano plazo.
La gobernadora Rocío Nahle anunció, tras el fallecimiento del artista, que el Palacio de Gobierno será abierto al público como homenaje permanente para que ciudadanos y turistas aprecien las obras que Peredo plasmó en la sede del Poder Ejecutivo. No obstante, la apertura y difusión deben acompañarse de protocolos de conservación preventiva, restauración especializada y monitoreo ambiental, conforme a los estándares de protección del patrimonio mural. La ausencia de un proyecto integral de conservación convierte la intención de homenaje en una acción insuficiente frente al riesgo físico que enfrentan los murales.
La preservación de la obra de Melchor Peredo exige la articulación de la sociedad civil, la academia, la iniciativa privada y el Gobierno, mediante diagnósticos técnicos, planes de manejo y asignación de recursos específicos. Su producción, que abarca más de siete décadas y trasciende fronteras, constituye un bien público cuyo deterioro representaría una pérdida irreparable para la memoria histórica y artística de Veracruz y de México. Ante este panorama, es indispensable que agentes culturales, sociedad civil e iniciativa privada se pronuncien y establezcan mecanismos conjuntos para garantizar la protección y restauración del patrimonio mural de Melchor Peredo, así como de otros bienes culturales en riesgo.
La destrucción o remoción de monumentos y obras de arte públicas puede tener consecuencias negativas para la identidad y la memoria colectiva de una comunidad. El patrimonio cultural es un recurso valioso que debe ser protegido y preservado para las generaciones futuras y no debe depender de la decisión de los gobernantes en turno. La Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1972 establece que los monumentos y obras de arte público son patrimonio de la nación y deben ser protegidos y preservados. La Secretaría de Cultura y la Secretaría de Gobernación tienen la responsabilidad de velar por la protección y conservación del patrimonio cultural.
Los deterioros ocasionados en los murales de Melchor Peredo, ubicados en la propia sede del Palacio de Gobierno del Estado, evidencian la necesidad de proteger el patrimonio cultural y de evitar la destrucción o remoción de monumentos y obras de arte públicas por descuidos, ignorancia y malas prácticas. Es fundamental que las autoridades y la sociedad trabajen juntas para salvaguardar el patrimonio y promover la identidad y la diversidad cultural.




















































