Su avance ha puesto en riesgo ecosistemas clave en la costa de Chiapaneca
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Al expandirse el cultivo de palma africana en la franja costera de Chiapas, el equilibrio ecológico ha comenzado a ceder frente a un modelo productivo que prioriza rentabilidad inmediata sobre sostenibilidad, lo que ha colocado a los manglares en una situación crítica. En ese contexto, la restauración de estos ecosistemas se ha convertido en una respuesta urgente que intenta frenar una transformación territorial que ya muestra efectos acumulativos en suelo, agua y biodiversidad.
Mientras la presión sobre los ecosistemas avanza, datos de la Comisión Nacional Forestal indicaron que la comarca ha perdido más de 20 mil hectáreas de cobertura forestal en zonas costeras durante la última década, una tendencia vinculada al crecimiento de monocultivos y actividades ganaderas. A partir de ese escenario, la intervención en la Reserva de la Biosfera La Encrucijada busca no solo recuperar vegetación, también reordenar el uso del territorio bajo criterios ambientales.
Al colocarse la palma africana como uno de los principales factores de degradación, especialistas advirtieron que su expansión ha sustituido ecosistemas completos, reduciendo la capacidad natural de regeneración, en una región donde los manglares ocupan cerca de 90 mil hectáreas y funcionan como barreras naturales ante fenómenos climáticos. La sustitución de estas áreas impacta en la estabilidad de las comunidades que dependen del entorno costero.
Tras integrarse las comunidades locales en las estrategias de restauración, el proyecto ha comenzado a redefinir la relación entre conservación y economía, al considerar que más de 15 mil personas en la costa chiapaneca dependen de la pesca y actividades asociadas al manglar. La recuperación de estos espacios no solo apuntó a la biodiversidad, también buscó sostener ingresos que han sido afectados por la disminución de especies marinas.
Al impulsarse la remoción de palma invasora y su reemplazo por sistemas agroforestales, la iniciativa planteó una transición que permita producir sin deteriorar el entorno, en un territorio donde la entidad concentró cerca del 30 por ciento de la producción nacional de palma de aceite. Bajo esa presión productiva, la restauración del manglar se posicionó como una disputa directa entre dos modelos de desarrollo que definen el futuro ambiental y económico de la región.











































