Estos hechos se desarrollaron en un contexto marcado por violencia contra menores
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Durante 2025, la desaparición de 460 niñas, niños y adolescentes en Chiapas se convirtió en un patrón que expuso fallas profundas de protección. El promedio de 38 menores reportados como desaparecidos cada mes habla de una emergencia constante. La niñez, en este contexto, quedó atrapada entre la omisión institucional y entornos cada vez más violentos.
El hecho de que 75 menores sigan sin ser localizados y que uno haya sido encontrado sin vida demostró que la búsqueda no siempre llega a tiempo. El 16 por ciento de casos sin resolver es la evidencia de rutas de desaparición que permanecen activas. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, casi cuatro de cada 10 habitantes del estado son menores de 18 años, esto hace que la magnitud del riesgo se amplifique.
A esta realidad se sumó la migración forzada, puesto que estadísticas de autoridades migratorias estadounidenses, retomados por organizaciones civiles, mostraron que 635 menores chiapanecos fueron deportados en menos de un año. La comarca es, de acuerdo con registros del Instituto Nacional de Migración, uno de los principales estados expulsores de niñas y niños migrantes, una condición que incrementa la vulnerabilidad frente a redes de abuso, trata y desaparición.
Las 328 denuncias por pederastia, los nueve feminicidios y los 16 homicidios de menores registrados en el estado detallaron un entorno donde la niñez enfrenta riesgos múltiples. Cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública colocaron a la región entre las entidades con mayor incidencia de delitos sexuales contra menores en el sur del país, un entorno que muestra que las desapariciones suelen estar precedidas por otras formas de violencia.
Para las organizaciones defensoras de derechos de la infancia, el problema es prevenir en un estado donde, según el Consejo Nacional de Población, más de la mitad de los municipios presenta altos niveles de marginación. En ese terreno desigual, la niñez chiapaneca sigue siendo la más expuesta.











































