Dos carriles, sin áreas de maniobra ni espacios de amortiguamiento, son el cuello de botella del desarrollo logístico del sur
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
La frontera sur de México guarda un tesoro económico que nadie ha sabido desenterrar. En Ciudad Hidalgo, el cruce fronterizo Suchiate II canaliza más del 95 por ciento del comercio terrestre entre México y Centroamérica, una cifra que contrasta con su realidad física: dos carriles estrechos, sin áreas de maniobra ni espacios para amortiguar la carga. Cada día, entre las 7:00 y las 14:00 horas, el tránsito de camiones colapsa, lo que genera filas kilométricas y tiempos de espera que asfixian cualquier intento de eficiencia.
No se trata de una cuestión técnica, sino de visión. Las regiones que prosperan no lo hacen por su suerte geográfica, sino por su capacidad para mover bienes con rapidez y bajo costo. En este caso, Chiapas se encuentra atrapado entre su potencial logístico y una infraestructura obsoleta. Según datos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (2023), el flujo comercial terrestre en Suchiate II creció un 38 por ciento en la última década, pero la inversión en modernización se ha mantenido estancada, con solo un aumento del 4.2 por ciento en el mismo periodo.
La paradoja se acentúa al considerar a Puerto Chiapas, ubicado a 52 kilómetros de distancia. Este puerto es clave para exportaciones agrícolas e industriales tanto del Soconusco como del occidente guatemalteco, pero su conexión terrestre con Centroamérica depende de un embudo ineficiente. De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la entidad ocupa el lugar 29 de 32 en infraestructura logística a nivel nacional, una posición que impide traducir su ubicación en ventajas reales para el comercio exterior.
El estancamiento también tiene efectos colaterales, encarece los productos, limita el interés de inversionistas extranjeros y deteriora las condiciones laborales en la zona. La Confederación de Cámaras Industriales (CONCAMIN) estimó que las deficiencias logísticas incrementan hasta en un 18 por ciento los costos operativos del comercio fronterizo en el sur del país. Mientras tanto, proyectos como el Centro de Tráfico Vehicular en Suchiate II, incluidos en programas oficiales y respaldados por el Banco Interamericano de Desarrollo, siguen en espera de voluntad política.
Si Gobierno federal desea convertir al estado en una plataforma de desarrollo regional, deberá empezar por abrirle paso a las mercancías. El potencial está ahí, detenido detrás de una fila de camiones, en espera de cruzar una frontera que aún no ha sido construida del todo.











































