Regresar a la escritura,
propuesta y método de Sarelly Martínez
Valente Molina
Hace unos días leía la acertada publicación que el Dr. Sarelly Martínez Mendoza hizo sobre los grandilocuentes textos que aparecen en los medios de comunicación, y particularmente el de una “Servidora del Pueblo” de la actual administración gubernamnental, que plasmó un estilo parecido a los resultados de la Inteligencia Artificial (Chat GPT).
Para contrarrestar este fenómeno invasivo de las inteligencias artificales generativas en la capacidad crítica y creativa, Sarelly Martínez propone regresar al gozo de la lecto-escritura con las herramientas básicas: cuaderno y pluma. Su propuesta es pertinente y la saca a colasión por el tema que aborda. Aunque en realidad, este método didáctico y pedagógico, Sarelly lo ha inculcando a sus alumnos desde hace 33 años, cuando inició la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Chiapas, con muy buen resultado.
Conocí a Sarelly Martínez en 1993. Dos años antes él había ingresado como docente a la UNACH por examen de oposición. Fue gestor y fundador de la carrera de Ciencias de la Comunicación. Nos impartía la materia “Redacción de nota informativa”. En sus clases el cuaderno y la pluma eran esenciales. Su metodología de enseñanza nos hacía escribir permanentemente. Recuerdo que nos pedía cuatro posibles encabezados para un hecho de la realidad. Posteriormente intercambiabamos las hojas, leíamos las propuestas de otras personas y analizábamos cuál debía ser la redacción más correcta.
Sarelly hacía énfasis en la buena redacción de los encabezados para comunicar de forma clara y atractiva el qué, quién, cuándo, dónde y por qué del suceso. Esta metodología la había adquirido de su alma mater: la Escuela de Periodismo Carlos Septién Garci, una de las másemblemáticas en México.
Tener a Sarelly Martínez como maestro fue un privilegio. Su estilo ecuánime y reflexivo nos contagiaba paz y hacía focalizarnos en el hecho periodístico. Nos pedía leer una y otra vez lo que escribíamos. Era un ejercicio de autocrítica y autocorrección. Sacábamos fotocopias y hacíamos lectura comentada permanentemente. Escribíamos todo el tiempo en el cuaderno y copiábamos la tarea que el maestro apuntaba en el pizarrón. Fuimos la generación que transitó de tomar apuntes y usar la máquina mecánica de escribir, a un sistema híbrido con la incorporación gradual de la tecnología.
Para 1994, tiempos álgidos del conflicto del EZLN, Sarelly no dejaba de alentarnos a escribir, a consignar los hechos sociales. De hecho nos invitó a hacer prácticas en la recién creada revista Este Sur. Pero para ese momento muchos compañeros de la carrera de Ciencias de la Comunicación ya trabajamos en los medios (radio, televisión y prensa escrita). Yo había optado por la radio y después por la televisión (canal 5 local).
Para poder combinar el trabajo y la universidad, un grupo de 15 estudiantes propusimos en 1995 la apertura de un grupo en el turno vespertino. Extrañamente Sarelly no apareció en nuestra plantilla de catedráticos en los semestres subsecuentes. Preocupados, preguntamos la razón de no tenerlo como maestro y nos informaron que había emigrado a Madrid, España, para cursar el doctorado en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense.
Sarelly regresó a los dos años (sin acento español). Entonces sí se incorporó a las clases en el turno vespertino. Nos impartió las materias de “Seminario de Medios de Comunicación” y “Redacción de crónica periodística”. Nuevamente el gozo de la escritura emergió, ahora con más fuerza. Nos sumergimos, primero, en la reflexión de textos narrativos de corte periodístico, con los que Sarelly nos ejemplificó a detalle las temporalidades de la crónica y su hibridez que permite todo tipo de recursos para contar, además del entramado hermeneútico de la literatura, lametáfora y los recursos estilísticos.
En esas tardes-noches de la Facultad de Humanidades campus VI de la UNACH, Sarelly nos pedía pasar al pizarrón y hacer estructuras narrativas-periodísticas. También se llevaba nuestros trabajos y acucioso, hacía correcciones que después compartía frente al grupo para que fuesen un aprendizaje grupal. Con generosidad y prudencialeía todos los errores encontrados, sin revelar a quién correspondía la errata. Así aprendimos.
Los métodos de escritura, 30 años después, han cambiado. Existe un uso desmedido de las herramientas de IA. No entiendo cuál es el objetivo de estos funcionarios públicos en sacar a la luz elaboradas reflexiones sobre temas densos. ¿En verdad tienen tiempo para redactar estos textos tan perfectos? Ojalá estos funcionarios se capacitaran, y entendieran que la redacción artificiosa no superara la sencillez.
Sarelly Martínez, formador de tantas generaciones de comunicólogos, escritores y periodistas tiene toda la razón“…escribir es una pasión infinita, llena de hallazgos y alegrías. Una terapia que nos lleva al círculo virtuoso de leer-escribir-leer, y a veces, hasta pensar”.




















































