May Rosas
La política que germina en la tierra
Por mucho tiempo, hablar de medio ambiente en la política de Chiapas era poco más que un ritual. Se hacía para el Día del Árbol o en eventos de universidades, y al final todo quedaba en palabras que se iban con el café. Pero el podcast Platicando con el Jaguar, donde el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar y Malena Torres Abarca, secretaria de Medio Ambiente e Historia Natural, tuvieron una conversación abierta, dejó algo claro: esos días quedaron atrás. La nueva ERA no se trata de buenas intenciones; es el tiempo de acciones concretas que están cambiando la manera en que la gente y su entorno se relacionan.
Chiapas no es cualquier estado cuando hablamos de naturaleza. Sus selvas, bosques, reservas, áreas protegidas y sus ríos lo convierten en un punto clave para el equilibrio ecológico de México. Pero esa riqueza también trae problemas, incendios forestales, suelos erosionados por prácticas agrícolas deficientes, pérdida de vegetación, y presión sobre los acuíferos. Frente a esto, el Gobierno decidió una estrategia que mezcla inversión pública y restauración ecológica. Y tiene un principio sencillo: en las zonas rurales, nadie protege lo que no conoce, ni cuida lo que no trae beneficios.
El eje central es el Programa de Restauración y Saneamiento de Microcuencas. No son proyectos monumentales, sino intervenciones directas en el territorio. La meta alcanza 71 microcuencas en 33 municipios, lo que al final impacta a más de 90 comunidades. Y no es solo cuestión de números; el inicio del programa tuvo más de 200 millones de pesos para restaurar suelos, reforestar con especies nativas y construir obras para conservar el agua.
Esto se vuelve real cuando se mira el tipo de trabajos en el campo. Campesinos han armado terrazas y pretiles de piedra en laderas y zonas montañosas, usando una técnica tradicional que mantiene el suelo fértil, reduce el flujo de agua y permite que esta se filtre hacia los acuíferos, en vez de arrastrar la tierra que tanto se necesita. Ya hay más de 150 hectáreas intervenidas con estas estructuras, un avance sólido frente a la erosión, que durante años ha dañado la productividad de los ejidos.
Ahora, sería imposible hablar de política ambiental en Chiapas sin mencionar los incendios forestales. La temporada de calor siempre llegaba con incendios que no paraban hasta que volvía la lluvia. El Gobierno actual apuesta por la prevención: brigadas comunitarias y técnicos han abierto kilómetros de brechas contrafuego, franjas sin vegetación que sirven de barreras para frenar el fuego. En algunos lugares, han construido hasta 100 km de estas brechas. Estas cifras no son de oficina; son líneas en la tierra, hechas con sudor y palas.
Por muchos años, la política ambiental en regiones marginadas se hacía desde escritorios lejanos, sin tomar en cuenta a quienes viven ahí. Eso creaba desconfianza: la conservación se sentía como algo impuesto y externo. En este Gobierno, la lógica cambió. Por ejemplo, la entrega de estufas ecológicas demuestra cómo el cuidado del ambiente puede mejorar la vida de las familias. Estas estufas ahorran hasta 50 por ciento de leña, lo que ayuda a los bosques, y, además, reducen el humo dentro de las casas. Eso baja los casos de enfermedades respiratorias en mujeres y niños. Ya han repartido cientos de estufas en comunidades ligadas a los proyectos de restauración.
Construir una conciencia colectiva en defensa del territorio tiene ahora una vía tangible. Con programas de educación y participación social, surgieron las “guardianas y guardianes del medio ambiente”, gente de las propias comunidades que vigila, protege el bosque y promueve prácticas sustentables. Se ha visto en otros lugares: cuando la comunidad participa, la restauración deja de ser un asunto gubernamental y se convierte en un compromiso de todos.
Además, estos trabajos de restauración en microcuencas han dado miles de empleos temporales en zonas rurales. Campesinos, ejidatarios y jóvenes se suman a tareas de reforestación, obras de conservación y vigilancia forestal. Aquí, donde el campo formal ofrece pocas oportunidades y la migración es el pan de cada día, esto abre una alternativa: ganar dinero mientras recuperan el patrimonio natural del que depende el futuro agrícola.
En Chiapas, mucha gente vive del campo. Cuidar el suelo, el agua y los bosques no es un capricho ecológico; es indispensable para sostener la economía de miles de familias en los próximos años. El programa no solo recupera ecosistemas dañados, también asegura agua para riego y consumo humano en zonas donde la deforestación y el cambio de uso de suelo están secando las fuentes.
Durante años, a Chiapas le han llamado el “pulmón verde de México”. Pero esa etiqueta esconde una paradoja: la abundancia natural existe, pero junto a una degradación rapidísima. La nueva política ambiental está rompiendo esa contradicción. No son declaraciones rimbombantes ni fotos en áreas protegidas, son acciones concretas, como las terrazas de piedra que detienen la erosión, brechas que frenan incendios, estufas que cuidan los bosques y las familias, guardianes comunitarios que vigilan el territorio, y una inversión pública que crea empleos mientras restaura el equilibrio.
Gracias querido lector, con gusto recibo comentarios, NOS LEEMOS EN LA PRÓXIMA…




















































