Omar Gasca
Hasta junio seguirá presentándose la exposición ¡Guacamole! en la Galería Fernando Vilchis del Instituto de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana. La muestra incluye trabajos de Angie Cano, Alfredo Ayala, César Benítez, Fernando Piña, Luis Gastélum, Sebastián Domínguez, Sergio Domínguez y Vietnam García, estudiantes de la primera generación del Doctorado en Artes Visuales de la misma institución. Resulta del 1er Coloquio de Artes Visuales: Procesos creativos, en el que, además de ellos, participaron estudiantes de la Maestría en Producción Artística de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
Suponemos que en el coloquio se abordaron los ejes, las líneas, las pistas, el desarrollo, los avances o progresos de la creación o producción artística, que suelen ligarse a la investigación, aunque hay quien prefiere llamarle indagación por razones que identificamos con una semantización forzada que asocia la función de investigar con ineludibles rigores y métodos de carácter académico o academicista, con una suerte de rito duro, inclusive con el método científico, mientras la acción de indagar sería una suerte de exploración de menos fondo, más propia de los artistas. Investigar e indagar, para efectos prácticos, significan lo mismo (hay que ver el diccionario, y el etimológico) y, sabemos, se investiga desde mucho antes de que existieran los protocolos y formalidades académicas. Investigaba el cazador paleolítico; investiga quien busca empleo; investiga quien pretende comprar un coche. La investigación no es privativa de la academia y el método no es necesariamente consustancial al acto de investigar. Por cierto, en la filosofía de la ciencia es ampliamente aceptado el hecho de que el método científico no existe como una fórmula o receta única y lineal (observación, hipótesis, experimentación…) para obtener resultados. ¿Investigar? ¿Indagar? Ya lo dijo Deng Xiaoping en los 60 del siglo pasado: “No importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones”. Básicamente, investigar e indagar significan buscar y seguir huellas, vestigios, pistas. Cuando Picasso dice “Yo no busco, encuentro”, insinúa que no investiga ni indaga, sino que descubre, lo que involucra la intuición que, para la epistemología, equivale a una aprehensión inmediata de la realidad, sin razonamientos previos, como cuando decimos “me cayó el veinte” o “se me prendió el foco”.
Las obras expuestas por los ocho creadores mencionados, algunas muy notables, unas con suficientes anticuerpos contra lo de siempre, son evidencia de un proceso o, más bien, de una serie de ellos, de índole individual y social, conceptual y formal, artística y estética (que no es lo mismo). Lo serían con coloquio o sin él, con teorías o sin ellas, pero se corresponden con lo uno y con lo otro, casi por antonomasia, si bien sospechamos que mucho hay de cartesiano y newtoniano en el asunto: “se me ocurre y hago”, “me empujas y salto…”. Un poco de improvisación y accidente, también, por qué no. “Para vencer, la planeación por sí sola no basta. Uno debe improvisar”, decía Asimov.
En ese contexto, en la galería, nos encontramos con Cartografías corporales, de Angie Cano, una serie de senos de distintas mujeres que, directamente entintados y a modo de sellos, fueron impresos en azul sobre papel. La obra, dice la autora, “…se construye desde un proceso relacional basado en el encuentro, la confianza y el consentimiento, donde el sello funciona como registro material de un momento íntimo y compartido”.
Hay senos redondos, con forma de lágrima, con forma de cuerno, cónicos, tubulares o tuberosos, asimétricos, juntos, separados, pequeños, medianos, grandes, firmes, con caída natural, con pezones prominentes, con areolas grandes o pequeñas… Pero, así se trate de un mapeo (Cartografías…), la intención no es aquí clasificar sino destacar, subrayar, poner de manifiesto algunas variables que son signos de naturaleza, experiencia y memoria, además de ser estructuras glandulares, eventualmente erógenas y alimentarias. El cuerpo, más que para ser mirado, para ser pensado; para inducir la reflexión acerca de estándares, paradigmas o cánones sociales y culturales, de belleza y de mandatos de género.
Sin complejidades técnicas ni pretensiones, la obra acusa un rasgo que no es común: da la impresión de que armoniza honestamente, sin dobleces, con las nociones, conceptos, ideas, vivencias y propósitos de quien la hizo. Angie Cano no viene de las artes (es licenciada en Diseño de la Comunicación Visual y maestra en Estudios Sobre el Arte), pero se mueve bien en ese ámbito, aun rodeada de varios pesos pesados que vienen de la pintura, la estampa, la fotografía u otras disciplinas plásticas y visuales.




















































