El 70 por ciento de áreas protegidas en México están cercadas por caminos y obras energéticas
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
Cada tramo asfaltado en la selva trae consigo un costo oculto, la muerte constante de especies silvestres. En el sureste mexicano, un monitoreo científico reveló 354 animales atropellados entre 2016 y 2023 en carreteras de Campeche, Chiapas y Tabasco. Más allá del número, el estudio expone cómo la expansión carretera, sin adecuaciones ecológicas, convierte los caminos en líneas de fragmentación y exterminio.
El impacto no es menor. Según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), México pierde en promedio 200 especies de fauna silvestre al año por causas asociadas al desarrollo urbano y de infraestructura. Esta cifra no solo incluye la muerte directa, sino también la pérdida de hábitats, rutas de migración y equilibrio ecológico. La carretera Salto de Agua, en Chiapas, encabeza la lista de atropellos por kilómetro, reflejo de la falta de pasos de fauna o señalización preventiva.
Además, el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) estimó que el 70 por ciento de las áreas naturales protegidas en el país están rodeadas por infraestructura carretera o energética, lo que pone en riesgo su función ecológica. En zonas como Palenque y Catazajá, esta presión se multiplica con el crecimiento turístico y la cercanía de reservas naturales. Es ahí donde la vida silvestre queda atrapada entre selva fragmentada y tránsito vehicular constante.
A esto se suma la deficiente planeación ambiental. De acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el 88 por ciento de los proyectos federales de infraestructura no contempla medidas para mitigar daños a la biodiversidad, incluyendo pasos de fauna o planes de monitoreo. El Tren Maya es un ejemplo vigente, su trazo cruza más de 30 áreas prioritarias para la conservación, sin que exista claridad sobre las estrategias de protección animal.
En medio de este panorama, el papel de las comunidades y organizaciones científicas se vuelve crucial. Los expertos proponen acciones como monitoreo participativo, infraestructura verde y políticas de prevención vial con enfoque ecosistémico. Porque mientras el progreso ignore a quienes no pueden alzar la voz, el desarrollo seguirá adelante, mismo que dejará un rastro de muerte irreversible.











































