Autoridades sanitarias y organizaciones civiles urgen reforzar campañas y controles ante el alza que esta situación representa
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
El consumo excesivo de alcohol ya no es solo una alerta silenciosa en Chiapas, se ha convertido en una emergencia sanitaria. En apenas medio año, la entidad ha superado los casos de intoxicación aguda registrados durante todo 2024, colocándose entre las cinco con mayor incidencia a nivel nacional. Son 525 personas las que han requerido atención médica urgente tras haber bebido en exceso. Esta cifra, lejos de ser un dato aislado, reflejó un patrón preocupante, el alcohol se ha normalizado como parte del paisaje juvenil, sin control ni prevención.
Más allá del número, el rostro de esta crisis es en su mayoría masculino, 371 de los afectados son hombres. Y aunque las mujeres representan una menor proporción, el incremento sostenido en ambos grupos indicó que las estrategias preventivas fallan entre los más jóvenes. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2022, el 15.3 por ciento de los adolescentes entre 10 y 19 años reportaron haber consumido alcohol al menos una vez en el último mes.
Las instituciones educativas, en teoría uno de los principales filtros preventivos, han sido rebasadas. Las campañas de concientización son esporádicas y desconectadas de la realidad de las y los estudiantes. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en la entidad solo el 37.4 por ciento de los adolescentes considera que ha recibido información suficiente sobre los riesgos del consumo de alcohol. En las comunidades rurales, la cifra es aún más baja, lo que abre una brecha de vulnerabilidad donde las bebidas embriagantes encuentran terreno fértil.
La Secretaría de Salud estimó que, por cada caso de intoxicación etílica grave, el sistema público de salud gasta en promedio 18 mil pesos en atención médica y seguimiento. Con los 525 casos de este año, la carga para las instituciones asciende a más de nueve millones de pesos, sin contar las afectaciones indirectas como ausentismo escolar o laboral, violencia intrafamiliar o accidentes viales.
Organizaciones civiles y especialistas coincidieron en que no basta con alertas sanitarias. Se requieren decisiones más firmes: regulación en puntos de venta, restricciones más severas en eventos masivos, sanciones reales a comercios que expendan alcohol a menores. Según la Comisión Nacional contra las Adicciones, el 65 por ciento de los adolescentes que beben accedieron al alcohol por vías legales o toleradas.











































